Cristiano en Construcción

La Santidad no es el camino a Cristo, Cristo es el camino a la Santidad.

Archive for the ‘Devocionales’ Category

Diferente de lo que parecía

Posted by Jhon en Sábado, abril 19, 2014

En la historia de la Pascua, el Sábado de Gloria normalmente se desperdicia.

Sin embargo, los días e incluso los pocos años que le precedieron estuvieron llenos de acontecimientos y de palabras sorprendentes. Si se hubiera tratado de una sinfonía, ésta habría aumentado a un resonante pero horrible crescendo: el arresto y el juicio, los azotes y la crucifixión; la agonía en la cruz; la muerte; el día transformándose en la más absoluta oscuridad; la tierra sacudiéndose como si fuera a partirse; el desgarramiento del velo en dos… Y luego, al igual que la famosa pausa en el Mesías de Handel, todo se detiene completamente. Jesús es sepultado —y todo ha terminado.

Al no estar ya Jesús, los discípulos se quedaron únicamente con su recuerdo y sus palabras, ninguno de los cuales parecían estar afectándoles, pues se escondieron temerosos ese sábado, teniendo poca fe en lo que Él había prometido. Los discípulos habían trazado su propia imagen de lo que se suponía que debía ser el Mesías.

¿Cuántos de nosotros; los creyentes, vivimos con una mentalidad de sábado —en algún punto entre la verdad de la vida terrenal de Jesús, y la resurrección gloriosa que validó todo lo que Él dijo e hizo? Es fácil quedarse perplejos ante el temor de los discípulos y su falta de fe, pero ¿somos nosotros, en realidad, muy diferentes a ellos? ¿Tenemos nuestros propios planes para Dios? ¿Creemos convenientemente que lo mejor para nosotros es que Dios y todos los demás hagan lo que esperamos?

¿Se inclina usted a decir palabras que transmiten cada vez más falta de esperanza? ¿Son palabras de desánimo, pesimismo, condenación ­—tal vez incluso de desesperación?

Delante de quienes vivimos con una mentalidad así hay dos opciones. O bien intentamos inútilmente hacer las cosas a nuestra manera, o bien volvemos a enfocarnos en la verdad de lo que Dios nos ha dicho: la verdad acerca de sí mismo, y la verdad sobre nosotros; la verdad en cuanto a lo que Él nos ha pedido que hagamos en la desilusión del “sábado”.

Los discípulos no habían recibido todavía el Espíritu Santo, pero nosotros lo tenemos ahora por completo. Ellos no tenían la abundancia de la Palabra de Dios, pero nosotros la tenemos toda al alcance inmediato. Ellos estaban viviendo del otro lado de la resurrección, y nosotros la vivimos en su realidad.

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La Biblia: La carta de amor de Dios

Posted by Jhon en Sábado, febrero 15, 2014

Puesto que Dios desea relacionarse con nosotros, debemos conocerlo. En la Biblia encontramos el registro de sus palabras, sus intervenciones en la historia, y su venida en la persona de Jesucristo. De este libro obtenemos nuestro conocimiento del Padre celestial.

¡Qué increíble pensar que toda esta obra fue recopilada por la pluma de 40 hombres diferentes que escribieron en tres idiomas, en tres continentes, y a lo largo de 1.500 años! Reunamos a un grupo de historiadores de una generación, y no encontraremos la uniformidad de enseñanzas que se encuentran en las Sagradas Escrituras.

Cada libro de la Biblia refleja la personalidad y la historia de su escritor. Moisés fue el líder político de los israelitas en el desierto; Daniel fue ascendido al rango de primer ministro estando cautivo en Babilonia; y Pablo, el culto exfariseo, dictó cartas desde la prisión. Pero cada palabra de la Biblia es fiel al tema central de Dios: Su amor redime a quienes invocan su nombre.

En 2 Pedro 1.21 vemos que Dios mismo habló a través de cada escritor. En algunos casos, el Espíritu Santo traía a la mente detalles esenciales (Jn 14.26), como el material transmitido oralmente para formar el Antiguo Testamento o los evangelios. Y para hacer posible la escritura de profecías, salmos y epístolas, el Espíritu de Dios reveló verdades importantes (16.15).

El Padre celestial le ama, y quiere que pase la eternidad con Él. Por esta razón, utilizó hombres de todas las condiciones para escribir su mensaje del evangelio. Lea su invitación para usted.

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¿Cómo relacionarse con Dios?

Posted by Jhon en Jueves, diciembre 19, 2013

La Biblia enseña que cuando alguien nace de nuevo, se convierte en hijo de Dios. Por tanto, Él se comunica con nosotros como lo hace un padre, y nosotros debemos responder como hijos amorosos y obedientes. Dios dio el primer paso en esta relación, al invitarnos a ser parte de su familia. La respuesta inicial del hombre implica decirle sí a Jesús, y poner su fe en Él como Salvador personal. Pero después, tenemos la responsabilidad de mantener firme nuestra relación con Él.

Nuestra parte consiste en darnos cuenta de cuándo el Padre Celestial nos está hablando, para que podamos aprender a ser buenos oyentes y seguidores fieles. Es por eso que necesitamos dedicar tiempo a leer la Biblia, por donde el Padre nos habla claramente. Muchos fingen estar interesados en escuchar a Dios, pero inventan excusas para descuidar su Palabra. Algunos dicen: “Leo la Biblia, pero no la entiendo”. ¿Cree usted que Dios nos habría escrito un mensaje tan importante de una manera imposible de entender? Si usted continúa leyendo la Biblia, el Espíritu de Dios, que habita en el corazón del creyente, le dará entendimiento.

Una vez que llegamos a formar parte de la familia de Dios, nada —ni aun el pecado— es capaz de destruir nuestra relación con Él. No obstante, la desobediencia puede interrumpir nuestra comunión con Dios, en cuyo caso restaurarla es esencial para el crecimiento espiritual (1 Jn 1.9).

¿Pertenece usted a la familia de Dios? Si es así, ¿está obedeciendo a su Padre? La obediencia es esencial para tener una relación cada vez más estrecha con nuestro amoroso Creador y Salvador.

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El significado de la culpa

Posted by Jhon en Martes, noviembre 13, 2012

La culpa por algo que viola la conciencia, es un sentimiento normal. Sin embargo, vivir bajo una nube de remordimiento sin una razón clara no lo es. El Señor creó los sentimientos de culpabilidad y remordimiento para que sirvieran como recordatorios a una persona de que ha hecho algo malo, y que necesita arrepentirse. Pero Satanás usa esos sentimientos para tener cautivas a las personas: Quienes viven con un sentimiento de culpa no están seguras del amor de Dios.

La culpa buena –la herramienta efectiva del Señor para impulsar al arrepentimiento– es un regalo que nos ayuda a encontrar la senda correcta. Pero el diablo estimula la culpa falsa, que implica hacernos responsables por cosas que están fuera de nuestro control, y sufrir la auto condena por no ser capaces de cambiar los efectos. Este tipo de culpa es también un problema generalizado de quienes están en iglesias legalistas o que tienen ciertos estilos de vida; ciertas actitudes o pensamientos son considerados pecaminosos, y entonces las personas se sienten avergonzadas por hacer o pensar en esas cosas.

La auto condena impide el desarrollo de una relación con Cristo. Atrapados por la culpa temen ser rechazados. La confianza en sí mismos es casi imposible, porque están esperando que la condenación de Dios caiga sobre ellas.

El Señor no vino para acusarnos o condenarnos. Cristo regeneró nuestras almas y nos hizo justos delante de Dios, y por eso nuestra culpa ha sido quitada. Si nuestro Salvador perdonó a la mujer sorprendida en adulterio, piense en cuán dispuesto está Él a quitar su vergüenza (Jn 8.11).

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Nuestras recompensas eternas

Posted by Jhon en Lunes, septiembre 17, 2012

A lo largo de la Biblia, encontramos referencias a la “coronas”. Demos un vistazo a estas recompensas eternas.
La corona de victoria. Para terminar bien en la vida, los creyentes necesitamos resistencia olímpica. Los atletas en los juegos de la antigüedad recibían una diadema perecedera de hojas de laurel. Pero si somos efectivos en la tarea que Dios nos ha dado, y triunfamos sobre el pecado, recibiremos una corona incorruptible (1 Co 9.25-27).

La corona de gozo y gloria. Los creyentes a quienes ayudamos a traer a Cristo, serán “nuestro gozo y gloria” delante de nuestro Señor (1 Ts 2.18-20). Imagine cómo será su regocijo en el cielo cuando vea y hable con las personas que reconocen su contribución a su desarrollo espiritual.

La corona de justicia. La vida cristiana no es fácil, pero hay una gran recompensa por vivir rectamente cuando se enfrentan la tentación o las adversidades. Los creyentes que buscan la santidad están pensando constantemente en la vida futura, y anhelan su reunión con Dios con una conciencia pura (2 Ti 4.5-8).

La corona de la vida. La aflicción y el dolor son inevitables, pero podemos cobrar ánimos al saber que gran parte del crecimiento espiritual se produce en la adversidad. Persevere para recibir la corona de la vida que el Señor ha prometido a los que le aman (Stg 1.12).

¿Qué haremos en el cielo con las coronas que hemos ganado? Las echaremos a los pies del Señor Jesús (Ap 4.10), como homenaje a Aquel que nos salvó, nos dio dones, nos preparó y vivió en nosotros. Todo lo bueno y justo vino a nosotros por medio del Señor, y por eso merece nuestras coronas.

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Una vida digna de ser recompensada

Posted by Jhon en Lunes, septiembre 17, 2012

El presidente del seminario donde estudié dijo una vez que lo valioso se construye sobre un fundamento firme. Es posible que un gallinero no requiera una base muy buena, pero un rascacielos requiere toneladas de acero enterradas en la tierra. Jesucristo es el fundamento más fuerte y más firme sobre la cual puede construirse una vida.

Piense en su vida como un rascacielos. Para ser un constructor sabio es necesario…

Aplicar la Palabra de Dios. Construimos una estructura duradera por medio del estudio y la aplicación de la Palabra. Los principios y los mandamientos del Señor son la guía para una vida victoriosa.

Dar sacrificialmente, perdonar gustosamente y amar abundantemente (Hch 2.45; Ef 4.32; 1 P 1.22). En esta edificación no hay lugar para el orgullo ni el egoísmo. Estas cosas solo sirven para construir una choza tambaleante susceptible al fuego (1 Co 3.13).

Usar nuestros dones para glorificar al Señor. El Espíritu Santo nos ha preparado para servir al Señor. No podemos permitirnos el ser perezosos o tener miedo, porque tenemos solamente unos pocos años para trabajar para Él en este mundo.

Compartir el evangelio. Hablar a otros de Jesucristo es el mayor servicio que podemos ofrecer a Dios y a nuestro prójimo. El Señor mismo nos ha llamado a esta tarea (Mt 28.19).

Los constructores de rascacielos espirituales, en lugar de crear monumentos para el mundo, reflejan la gloria de Dios. La verdad es que, aunque muchos actos de obediencia solo los ve el Señor, Él recuerda toda palabra llena de misericordia y toda obra, y su propósito es recompensar cada una de ellas.

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Medidor de crecimiento espiritual

Posted by Jhon en Miércoles, agosto 1, 2012

Puesto que nuestro Padre quiere que maduremos en la fe, debemos examinar nuestras vidas y ver si estamos progresando en este terreno. El crecimiento físico es bastante fácil de evaluar, ­solo se necesita una cinta métrica. Pero, ¿cómo podemos saber si estamos creciendo espiritualmente? De la misma manera en que evaluamos el crecimiento infantil.

Deseos. El proceso de maduración cambia nuestros deseos. Cuando estamos creciendo espiritualmente, los placeres del mundo pierden su atractivo, mientras que nuestra hambre de Dios y de su Palabra aumenta. Estamos ansiosos de estar con Él y de compartir con otros lo que está haciendo en nosotros.

Entendimiento. Cuando éramos pequeños, nuestra percepción del mundo era muy limitada. De la misma manera, nos falta entendimiento espiritual cuando somos creyentes nuevos. Pero, con el tiempo, comenzamos a ver la vida desde la perspectiva de Dios. Las pruebas y las tentaciones se convierten en oportunidades para crecer, y el servicio para el Señor se vuelve un honor.

Generosidad. La señal más evidente de inmadurez de un niño que empieza a andar es su egoísmo. ¡Quiere hacer las cosas a su manera, y las quiere ya! Mientras que un creyente maduro es sumiso al Señor, está dispuesto a esperar y está más preocupado por los demás que por sí mismo.

¿Cómo le está yendo en estos tres aspectos del crecimiento? Tal vez sea hora de que deje algunas cosas de niño para convertirse en un creyente maduro. La mayor evidencia de madurez es el amor. Cuando el Señor y los demás tienen el primer lugar en nuestro corazón, es que somos más semejantes a Cristo.

Charles Stanley

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El propósito de Dios para el creyente

Posted by Jhon en Sábado, julio 7, 2012

Dios tiene un propósito para cada uno de nosotros; de no ser así, nos habría llevado al cielo en el momento que fuimos salvos.

El Señor quiere influir en otros por medio de nosotros. El propósito de Dios es que seamos un vaso mediante el cual Cristo fluya hacia los demás, alcanzando a quienes sufren y necesitan con desesperación un Salvador. Después de ser salvos, nuestra participación es triple.

Primero, amamos a otros. Jesús dijo claramente que este es uno de los mandamientos más grandes (Mt 22.38, 39).

Segundo, compartimos la buena noticia de la salvación (Hch 1.8). Algunos van al otro lado del mundo para anunciar el evangelio, mientras que otros enseñan a los vecinos de su calle. El Espíritu Santo nos dirigirá a las personas indicadas si estamos dispuestos a obedecer.

Tercero, servimos de diversas maneras: ayudando a los necesitados, compartiendo nuestros recursos y orando por los demás. El Señor Jesús es nuestro ejemplo perfecto de las tres maneras. Toda su vida se caracterizó por su interés por las personas —de quienes lo amaban, y de quienes lo aborrecían. De hecho, la Biblia enseña que se humilló a sí mismo y que se volvió como uno de nosotros para dar su vida en rescate nuestro. No hay amor más grande; no hay un acto de servicio mayor.

La Biblia puntualiza claramente el propósito de Dios para el creyente. Amar a los demás, evangelizar y servir nos dará una gran satisfacción. En realidad, seguimos estando en este mundo, no para escuchar más enseñanza, sino para ponerla por práctica y compartir con otros lo que ya sabemos.

Charles Stanley

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Las claves del éxito

Posted by Jhon en Martes, julio 3, 2012

¿Alguna vez se ha sentido usted desalentado en cuanto a su vida espiritual? Si sus esfuerzos por marcar una diferencia en el mundo parecen infructuosos, un principio en cuanto a Cristo puede cambiar su perspectiva.

El Señor sirvió a otros por amor, y sus acciones tuvieron un impacto tremendo en el mundo. ¿Por qué fue tan efectivo? La Biblia nos dice que Jesús no hablaba ni actuaba por su propia cuenta, sino que dependía de su Padre, quien moraba en Él (Jn 14.10). Y nosotros debemos seguir su ejemplo.

Pero muchas veces intentamos servir con nuestras propias capacidades, inteligencia y poder de razonamiento. Aunque podemos dedicar mucho esfuerzo y muchas horas sirviendo, esto por sí solo no producirá fruto, porque no estamos sirviendo como el Señor quiere.

El servicio verdadero es encargado, potenciado y bendecido por Dios solamente. Puede ser que nuestras manos estén en movimiento, pero es nuestro Padre quien trabaja. Y la gloria le pertenece a Él, no a nosotros.

¡Qué consuelo debiera darnos esto! El Señor no está buscando personas talentosas, sino personas dispuestas a dejar que el Espíritu Santo actúe a través de ellas. Podemos estar seguros de que Él proveerá todo lo que necesitamos para hacer cualquier cosa que Él pida.

¿Quién de nosotros puede servir a Dios? A decir verdad, nadie. El verdadero servicio se da solo cuando dejamos que el Todopoderoso se derrame a través nuestro, que no somos más que simples vasos. Y aunque el impacto no sea evidente para nosotros, sabemos que Dios ha logrado su propósito.

Charles Stanley

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¿Por qué sigue la gente a Jesús?

Posted by Jhon en Jueves, diciembre 29, 2011

Cuando Jesús anduvo en este mundo, una gran multitud le siguió. Venían por todo tipo de razones —algunas nobles, algunas egoístas. Lo mismo es cierto hoy día. Es importante que entendamos lo que motiva a la gente a venir a Cristo, porque no todos los que le buscan son en verdad sus seguidores. De hecho, cada uno de nosotros necesita analizar su andar con el Señor. ¿Qué es lo que queremos de él? ¿Qué tan consagrados estamos a ser sus discípulos?

Muchas de las personas que siguieron a Jesús, lo hicieron porque tenían necesidades urgentes que solo él podía satisfacer. Adondequiera que iba, le traían a enfermos y a endemoniados —esta es una de las formas que tiene Dios de atraernos a él. Quienes pueden resolver todos sus problemas, nunca necesitan un Salvador.

Otras venían por el sensacionalismo. Querían ver las señales y milagros. Hoy, algunas personas vienen a la iglesia para sentirse animadas, pero las experiencias sublimes en las alturas son seguidas siempre por valles de sombras. Cuando vienen las adversidades y los problemas, esas personas se apresuran a abandonar al Señor.Pero los discípulos de Jesús le siguieron porque creyeron en verdad que él era el Mesías, el Hijo de Dios (Mt 16.16). Su compromiso iba más allá de las emociones o necesidades. Ellos querían conocer a Cristo y caminar con él.

¿Está más interesado en lo que Jesús puede hacer por usted que en estar con él? ¿Le resulta difícil mantener su compromiso sin una experiencia emocional que le sostenga? Nuestras necesidades físicas y emocionales puede llevarnos a Dios, pero nunca deben ser el motivo para caminar con él.

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