Cristiano en Construcción

La Santidad no es el camino a Cristo, Cristo es el camino a la Santidad.

La logística de la gracia

Posted by Jhon en Lunes, febrero 25, 2013


La provisión de Dios es perfecta, especialmente cuando nada más lo es.

por Jamie A. Hughes

Para los soldados del Red Ball Express, cada kilómetro que transitaban, ponía a prueba sus nervios. Los viajes que hacían de día desde Normandía hasta el frente de batalla exigía que se defendieran contra emboscadas de los soldados nazis; y quienes viajaban de noche lo hacían sin encender las luces de los vehículos para evitar llamar la atención de los bombarderos de la aviación alemana. Lo que mucha gente no sabe es que sin una gigantesca operación logística, la ofensiva contra Berlín no habría sido posible. Fue necesario que 23.000 soldados condujeran más de 6.000 camiones para proveer de gasolina, municiones y víveres a los soldados aliados. Durante los ochenta y un días que duró el sistema logístico, los valientes hombres que hacían la ruta de 644 kilómetros, entregaron más de 412.000 toneladas de pertrechos, asegurando así su lugar en la historia de la Segunda Guerra Mundial como un factor significativo en el Día de la Victoria en Europa el 8 de mayo de 1945.

Napoleón Bonaparte dijo una vez: “Un ejército marcha sobre su estómago”. Es decir, sin provisiones, un ejército queda paralizado. No importa cuán numerosos sean los soldados ni qué tan bien entrenados puedan estar, necesitan un suministro constante de comestibles y combustible para seguir la marcha. Lo mismo puede decirse de la gracia incomparable de Dios en la vida del creyente. Después de todo, ¿no somos totalmente dependientes de Él para lo que necesitamos cada día? Es posible que nos apresuremos a responder que “sí”, cuando se nos hace la pregunta, pero somos igualmente rápidos para no tener en cuenta al Señor cuando alcanzamos éxito con nuestras fuerzas, de manera que, los recordatorios frecuentes son necesarios.

Solo cuando tenemos que enfrentar algo grande, es que entendemos claramente nuestra debilidad y el poder del Creador. Fue por esta razón que Dios le ordenó a Josué que marchara alrededor de Jericó para obtener la victoria; que envió de regreso a 22.000 soldados en la batalla en Madián; y que puso un aguijón en la carne de Pablo (Jos 6.1-16; Jue 7.2, 3; 2 Co 12.7-10). Al librarnos Dios de circunstancias que parecen imposibles, Él hace evidente su poder de manera admirable e irrefutable; e inspira a los no cristianos a buscarle. Una y otra vez, Él nos recuerda que “no es aprobado el que se alaba a sí mismo, sino aquel a quien Dios alaba” (2 Co 10.18).

Una de las descripciones más hermosas de la ayuda del Señor se encuentra en el Salmo 84.5-7: “Bienaventurado el hombre que tiene en ti sus fuerzas, en cuyo corazón están tus caminos. Atravesando el valle de lágrimas lo cambian en fuente, cuando la lluvia llena los estanques. Irán de poder en poder; verán a Dios en Sion”. La peregrinación a Jerusalén descrita aquí es tanto literal como simbólica. Algunos viajeros que se dirigían a la ciudad santa tenían que atravesar un difícil territorio desértico lleno de animales salvajes y de otros peligros. En este viaje, las dificultades más grandes eran seguras, y por eso el territorio llegó a ser conocido como el “Valle de Baca”, por la palabra hebrea bakah, que significa “llorar, lamentarse o derramar lágrimas”. Pero a lo largo de la ruta había fuentes naturales que brotaban de la tierra, y también se recogía agua de las lluvias. Los cansados viajeros podían así reponer sus fuerzas antes de seguir el viaje.

Aunque es posible que nuestros viajes no sean físicos, cada uno de nosotros pasa por su propio “valle de lágrimas” debido a las pérdidas, las enfermedades, las dificultades económicas u otros problemas que sufrimos. Sin embargo, podemos cobrar aliento porque la Biblia nos dice que estaremos “atravesando” por tiempos de dificultades (v. 6), pero que no nos quedaremos allí de modo definitivo (v. 6). Y al igual que los peregrinos en su viaje a Sion, tenemos una Fuente que nos da la gracia para ayudarnos.

Según D. L. Moody “se nos ha permitido hacer uso de la provisión de gracia de Dios, de día en día, conforme a la necesidad”, y el versículo 6 indica dos maneras en que podemos hacerlo. La primera es “cambiar el valle en una fuente”. Observe que el verbo cambiar es de acción deliberada en vez de recepción pasiva. Dios está dispuesto a darnos lo que necesitemos en nuestros momentos más sombríos. Al igual que una fuente, su provisión nunca deja de fluir, pero debemos buscarla (Mt 7.7, 8). Cuando adoramos al Señor, leemos su Palabra, o disfrutamos de la belleza de la obra de sus manos, estamos haciendo uso de esa provisión inagotable. Pero tenemos que hacerlo, antes que nada, por medio de la oración.

En vez de utilizar a la oración para centrarla únicamente en nosotros, y para presentar nuestras necesidades al Señor, debemos verla como una oportunidad para confiar en Él y dejar que nos llene con un mayor sentido de su presencia. Para mí, esa oportunidad se me presentó cuando mi madre fue sometida a una operación quirúrgica. Yo solo podía pensar en las cosas que estaban más allá de mi control, y en todo lo que podía salir mal; pero después de algunos minutos, comencé a respirar profundamente, y fue entonces cuando me di cuenta de mi insensata actitud. Mientras estaba sentada buscando a Dios, mi corazón seguía latiendo y yo seguía respirando sin que tuviera que esforzarme. Comprendí entonces que si confiaba en Dios para manejar las cosas que me mantenían viva, también podía confiar en Él para todo lo demás.

Hay ocasiones en las que enfrentamos dificultades, pero mucho antes de que sucedan, el Señor nos da exactamente lo que necesitaremos para sobrellevarlas. Esta es la segunda fuente que menciona el salmista —“cuando la lluvia llena los estanques [del valle] (v. 6). Esas llamadas oportunas que recibimos de amigos cuando estamos en nuestro punto más bajo, no son una coincidencia, sino una providencia. Como lo son los gestos amables de personas extrañas, los himnos y los pasajes de la Biblia que tocan nuestros corazones.

El salmista nos recuerda: “Sostiene Jehová a todos los que caen, y levanta a todos los oprimidos. Los ojos de todos esperan en ti, y tú les das su comida a su tiempo” (Sal 145.14, 15, cursivas añadidas). Tenemos que recordar que las cosas que nos toman a nosotros por sorpresa, no sorprenden a Dios. De hecho, antes de empezar a formarnos en el vientre de nuestras madres, Él sabía lo que enfrentaríamos. Y con solamente un pensamiento de Él, esas fuentes que ahora buscamos a tientas para que nos den alivio, ya han sido llenadas y esperan a que nosotros las encontremos.

Estrategias como las del Red Ball Express, aunque pueden ser geniales, son siempre imperfectas pues los seres humanos están al volante. Durante esos ochenta y un días, muchos camiones funcionaron mal, los suministros no llegaron y las provisiones escasearon. Pronto, el sistema se hizo imposible de mantener debido a la distancia entre las tropas y el puerto. Afortunadamente, no estamos a merced de lo desconocido; la Palabra de Dios nos dice a cada peregrino, que estaremos delante de Él: “Verán a Dios en Sion” (84.7). Tendremos la victoria, pues el gran Experto en logística ya ha provisto para nuestras necesidades.

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