Cristiano en Construcción

La Santidad no es el camino a Cristo, Cristo es el camino a la Santidad.

Archive for 29 octubre 2011

Debemos entender nuestro llamamiento

Posted by Jhon en Sábado, octubre 29, 2011

Me gusta usar la palabra creyente cuando hablo de los hijos de Dios, ya que ella se refiere específicamente a quienes han creído en Jesucristo como Salvador. Es una población mucho más pequeña que aquellos que se autodenominan cristianos. ¿Pero sabía usted que aun menor es el número de quienes pueden ser llamados legítimamente “seguidores”? éstos son aquellos que obedecen con pasión la voluntad de Cristo en todas las cosas.

¿Es usted un creyente o un seguidor? Confiar en Jesucristo es fundamental, pero es solo el primer paso de la fe. Nuestro objetivo primordial es hacer el largo viaje de la vida siguiendo las pisadas del Señor, honrándole con nuestras acciones y palabras, y creciendo siempre en sabiduría.

La vida de un seguidor está resumida en la frase obediencia total. De hecho, el Señor define como cristianos verdaderos a quienes demuestran su amor por él guardando su Palabra (Jn 14.23). Cuando se trata de obedecer a Dios, hay en realidad solo dos respuestas: “Sí” o “No”. Es tentador decir: “Sí, pero…” como hicieron algunos discípulos potenciales del Señor Jesús, pero esa es una manera indirecta de decir no (Lc 9.59). Los seguidores verdaderos siguen siendo fieles al plan del Señor, ya sea fácil o difícil. Y además, lo proclaman tanto en la bendición como en la calamidad, y van incluso a donde él los esté llevando.

Los seguidores verdaderos buscan al Señor, porque saben que la recompensa es una relación más estrecha con él. No esperan únicamente pasar la eternidad con Dios, sino que entienden que la eternidad comienza cuando lo acompañan en la senda recta que él ha puesto delante de ellos.

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Pongamos la mano en el arado

Posted by Jhon en Viernes, octubre 28, 2011

Muy pocas personas aprecian el uso que hizo el Señor Jesús del arado como ejemplo de una vida dedicada a Dios. El arado antiguo, muy parecido en su forma a la versión de siglos más recientes, era una sola hoja de madera unida a dos asas. Un mulo hacía la mayor parte del trabajo de tirar hacia adelante el aparejo, pero el agricultor lo sujetaba para dirigir la trayectoria de la hoja.

Probé un arado antiguo una vez y descubrí que su uso no era tarea fácil. El sencillo aparejo brincaba y se sacudía con fuerza debajo de mis manos mientras lo hundía en el terreno. Solo había una manera de hacer una línea recta, y era concentrarse en el trabajo y mantener fija la mirada hacia adelante cada segundo.

Cuando una persona confía en Jesucristo como su Salvador, “pone la mano en el arado”. La idea es que debemos seguir al Señor con obediencia total, manteniendo siempre nuestra mirada en él. Así es como tenemos una cosecha de fe. Muchas veces, los creyentes desanimados hacen una línea torcida, porque están mirando por encima del hombro para lamentarse por el pasado, o para ver qué placeres les esperan. El campo de su fe parece un desastre desorganizado. Además, la distracción los hace aflojar el paso, y como resultado su crecimiento espiritual se vuelve muy lento, si es que acaso llegan a madurar.

Renuncie a todo lo que distraiga su atención del Señor. Los creyentes que se concentran en los errores del pasado y en las distracciones del presente, no llegan a ninguna parte; no tiene paz ni gozo, y sus oraciones no son contestadas. Siga al Señor con fervor, y él le producirá mucho fruto espiritual.

Charles Stanley

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CUANDO EL DOLOR NOS LLEGA

Posted by Jhon en Martes, octubre 25, 2011

“Estas cosas os he hablado para que en mí tengáis paz.  En el mundo tendréis aflicción;  pero confiad,  yo he vencido al mundo.”(Juan 16:33)

Hablar del dolor en la Iglesia Cristiana se ha convertido en un tema tabú. Al no ser un tema que “vende” el cristianismo, nos hemos dedicado a hablar del Dios bendecidor que todo nos da, que abre las puertas de los cielos para nosotros y que solo las cosas buenas nos seguirán. Incluso se ha llegado a decir que si algo nos pasa que sea malo debemos reprender al enemigo, o declarar que eso no me tocara, u ordenarle al espíritu que trae la maldad que se vaya.

La pena más grande que yo siento es cuando la gente se va de las iglesias defraudadas, porque algo malo les pasó y no estaban preparados, de hecho, pensaron que al volverse cristianos, habían comprado una especie de “póliza de vida feliz”, y que Dios se ocuparía de darle una vida de felicidad terrenal mientras permanezca cercano a la iglesia a la que asiste, y sea fiel con sus diezmos.

No vemos prédicas sobre Jn.16:33 donde dice, “En el mundo tendréis aflicción” y donde se nos diga que hacer en los momentos en que ésta llega como la muerte inesperada de un padre, hijo, o la quiebra repentina, o la enfermedad terminal de un ser querido.

No, lo que observamos es prédicas de un mundo de felicidad total, de pactos para mejorar mi situación económica, de ángeles haciendo coro mientras se graba un disco cristiano, de oro cayendo del cielo, y muchos otras cosas que nada tienen que ver con una realidad incontrastable: En este mundo todos vamos a sufrir en algún momento y Dios no nos ha prometido evitar que nos suceda.

Para probarlo bastaría la cruz. Hay alguna realidad más contrastante con esta “teología” que el ver a nuestro Señor caminar hacia ella, mientras lo único que pensaba era como este momento de dolor terminaría glorificando el nombre de Dios. ¿Estaba acaso Cristo pensando en que solo tenía 33 años y una vida por delante?, o tenía claro que el propósito de su vida era que esta reflejara la gloria de Dios Padre y por tanto haría lo que fuera necesario para llegar a esa meta.

La pregunta de hoy debe ser ¿Cuánto mide tu Dios?, y es que a veces este Dios al que decimos servir realmente lo que parece es que nosotros le ordenamos o le demandamos. Claro está, no lo decimos así, sino que decimos “declara bendición sobre tu vida” o cosas de ese estilo, que en realidad lo que dicen es “Señor estemos claros, yo sé lo que es mejor para mi, y eso es vivir cómodo en esta Tierra, así que yo te digo lo que necesito y tú me lo das”.

El Dios del que nos habla la Biblia está interesado en lo que El quiere (que claro es lo mejor para nosotros) no en lo que yo pienso en mi limitado entendimiento que es lo mejor. El no siempre cambiará nuestras circunstancias, a veces callará de amor, pero siempre estará con nosotros.

El dolor es el megáfono que les dice a los demás mi real posición ante Dios. Deja ver si yo realmente creo en El y tengo paz en El mientras estoy en la aflicción, o si realmente en lo que creo es en mi propio bienestar y que solo creeré en El siempre y cuando eso sea lo mejor para mí y El me evite problemas y sufrimientos.

Me encanta las palabras del apóstol Pablo hablando de la cruz “La actitud de ustedes debe ser como la de Cristo Jesús, quien,  siendo por naturaleza  Dios,  no consideró el ser igual a Dios como algo a qué aferrarse. Por el contrario,  se rebajó voluntariamente,  tomando la naturaleza  de siervo y haciéndose semejante a los seres humanos. Y al manifestarse como hombre,  se humilló a sí mismo y se hizo obediente hasta la muerte,  ¡y muerte de cruz! Por eso Dios lo exaltó hasta lo sumo y le otorgó el nombre que está sobre todo nombre, para que ante el nombre de Jesús se doble toda rodilla en el cielo y en la tierra y debajo de la tierra, y toda lengua confiese que Jesucristo es el Señor,  para gloria de Dios Padre. (Fil.2:5 al 11)

Mientras Cristo sufría la muerte mas tremenda su megáfono declaró que nunca dudó de la bondad de Dios Padre y que lo único que quería era dar gloria y honra a su nombre.

La próxima vez que suframos un dolor que va a decir nuestro megáfono “Señor, ¿por qué a mí?, ¿qué te he hecho para que me hagas esto?” o va a decir “Señor no entiendo lo que pasa, pero sé que me amas y que un gran bien saldrá de este dolor, porque eso es lo que me muestra la mayor tragedia de todas: la cruz del calvario”

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LIBRO: Historia de la Iglesia

Posted by Jhon en Lunes, octubre 24, 2011

Para descargar click derecho sobre el enlace y guardar como.

Esperamos que lo disfruten !

Historia de la Iglesia

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¿Cómo debe lidiar un cristiano con los sentimientos de culpa, en cuanto a los pecados pasados, ya sean antes o después de la salvación?

Posted by Jhon en Viernes, octubre 21, 2011

Todos hemos pecado, y una de las consecuencias del pecado es la culpa. Podemos estar agradecidos por los sentimientos de culpa, porque éstos nos llevan a buscar el perdón. Al momento en que una persona se vuelve del pecado para poner su fe en Jesucristo, su pecado le es perdonado. El arrepentimiento es parte de la fe que conduce a la salvación (Mateo 3:2; 4:17; Hechos 3:19).

En Cristo, aún los pecados más viles son purificados (ver en 1 Corintios 6:9-11 la lista de hechos perversos que son perdonados). La salvación es por gracia, y la gracia perdona. Aún después de que una persona es salva, cometerá pecados. Cuando lo hace, Dios aún promete el perdón. “Hijitos míos, estas cosas os escribo para que no pequéis; y si alguno hubiere pecado, abogado tenemos para con el Padre, a Jesucristo el justo.” (1 Juan 2:1).

La liberación del pecado, sin embargo, no siempre significa liberación de los sentimientos de culpa. Aún cuando nuestros pecados son perdonados, todavía los recordaremos. También, tenemos un enemigo espiritual llamado “el acusador de nuestros hermanos” en Apocalipsis 12:10, quien nos recuerda incesantemente nuestras fallas, faltas y pecados. Cuando un cristiano experimenta sentimientos de culpa, debe hacer lo siguiente:

1) Confesar todos los pecados conocidos y que no se hayan confesado. En algunos casos, los sentimientos de culpa son apropiados, porque la confesión es necesaria. Muchas veces, nos sentimos culpables ¡porque somos culpables! (Ver la descripción que hace David de la culpa y su solución en el Salmo 32:3-5).

2) Pedirle al Señor que le revele cualquier otro pecado que necesite ser confesado. Ten el valor de ser totalmente abierto y honesto ante el Señor. “Examíname, oh Dios, y conoce mi corazón; pruébame y conoce mis pensamientos; y ve si hay en mí camino de perversidad.” (Salmo 139:23-24ª).

3) Confía en la promesa de Dios de que Él perdonará los pecados y quitará la culpa, basándose en la sangre de Cristo (1 Juan 1:9; Salmo 85:2; 86:5; Romanos 8:1).

4) En ocasiones, cuando surgen los sentimientos de culpa sobre pecados ya confesados y abandonados, rechaza tales sentimientos como una culpa falsa. El Señor ha sido fiel a Su promesa de perdonar. Lee y medita en el Salmo 103:8-12.

5) Pide al Señor que reprenda a Satanás, tu acusador, y ruégale que te restaure al gozo que procede de la libertad de la culpa.

El Salmo 32 es un estudio muy provechoso. Aunque David había pecado terriblemente, él encontró la libertad, tanto del pecado como de los sentimientos de culpa. Él lidió con la causa de la culpa, y la realidad del perdón. El Salmo 51 es otro buen pasaje para investigar. El énfasis aquí es la confesión del pecado, la manera en que David ruega a Dios con un corazón lleno de culpa y dolor. Los resultados son la restauración y el gozo.

Finalmente, si el pecado ha sido confesado, ha habido arrepentimiento, y ha sido perdonado; entonces es tiempo de dejarlo atrás. Recuerda que nosotros que hemos venido a Cristo, hemos sido hechos nuevas criaturas en Él. “De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas.” (2 Corintios 5:17). Parte de las cosas “viejas” que “pasaron” es el recuerdo de pecados pasados y la culpa que produjeron. Tristemente, algunos cristianos son propensos a sumergirse en los recuerdos de sus pecaminosas vidas pasadas, memorias que debían estar muertas y enterradas desde hace mucho. Esto no tiene sentido y es contrario a la vida cristiana victoriosa que Dios quiere para nosotros. Un dicho sabio dice “Si Dios te ha salvado de una cloaca, no regreses a sumergirte y nadar en ella.”

www.GotQuestions.org

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Posted by Jhon en Miércoles, octubre 19, 2011

Nuestro testimonio, siempre sera la mejor evidencia para los demás, de la grandeza y poder de nuestro Dios.

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La importancia de las relaciones positivas

Posted by Jhon en Miércoles, octubre 19, 2011

El tema de las relaciones positivas está cercano a mi corazón, porque Dios me ha dado amigos muy buenos. Son las personas que me desafían a hacer más para el Señor. Mis amigos me aman, ¡pero sin duda no están contentos con que quede como estoy! Si detectan un pecado en mi vida o ven algo que podría hacer mejor, me lo dicen.

Pablo daba también una alta prioridad a las relaciones. El apóstol se rodeó de personas que podían ayudarlo a lograr dos cosas: el cumplimiento de la misión que Dios le había dado, y su conformidad a la imagen de Cristo. Mientras Pablo se derramaba en las vidas de otros, él también estaba siendo edificado y fortalecido por sus hermanos en la fe. Eso, en resumen, es el plan del Señor para cada uno de sus hijos.

¿Y usted? ¿Tiene ciertas relaciones que le motivan a buscar a Dios con más fervor? Es muy importante saber a quiénes permitimos que influyan en nuestras vidas. El Padre celestial prepara a sus otros hijos para invertirlos en usted, como hermanos suyos en la fe, para animarle, para que oren por usted, y para que lo estimulen a tener una fe más completa, de modo que esté preparado para dedicarse a servir a otros. Las buenas relaciones con personas que se edifican mutuamente puede ayudar a los creyentes a cumplir con el plan de Dios para sus vidas.

Las mejores relaciones surgen entre personas que se animan mutuamente en la fe, y por eso “[se estimulan unas otras] al amor y a las buenas obras” (He 10.24). En otras palabras, nuestros mejores amigos son los que nos aman a pesar de como somos, pero no dejan de retarnos a mejorar para el Señor.

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LIBRO: Como escuchar la voz de Dios

Posted by Jhon en Martes, octubre 18, 2011

Segundo libro que ponemos a disposición de nuestros queridos lectores:

COMO ESCUCHAR A DIOS

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LAS HEREJÍAS

Posted by Jhon en Viernes, octubre 14, 2011

Leyendo el comentario de William Barclay sobre Marcos 13 me encontré con un estudio de porque surgen las herejías, que me pareció supremamente interesante y que deja ver algunas de las razones por las cuales nos encontramos con ciertas teologías equivocas.

Los puntos que el esgrime son:

1.- La herejía surge al intentar ser completamente inteligible.- Que explicaciones tan increíbles buscamos solo para enredarnos en nuestros propios argumentos. Decimos, la Trinidad es como el agua que está en tres estados: líquido, sólido y gaseoso, solo para darnos cuenta que eso no explica nada sobre la realidad de operación de cada persona en la Trinidad. Hay cosas que Dios solo puede mostrarnos porque resultan inexplicables para nuestra corta capacidad humana. Lo mismo sucede si usted trata de explicarle física cuántica a un niño de nueve años. Lo raro es que todos creemos en el infinito y ninguno de nosotros lo puede entender con nuestra mente finita, así que,  ya aceptamos conceptos que son inteligibles y que no tienen nada que ver con la fe.

2.- La herejía surge cuando nos divorciamos de la comunión cristiana.- La historia de la Iglesia está llena de páginas negras de hijos de pastores o evangélicos que empezaron sectas al creer que se les había dado una verdad que nadie más entendía. Mantenernos en la comunión cristiana nos ayuda a continuar por el rumbo de la sana doctrina controlándonos unos a otros y entendiendo que a nadie se le da una nueva revelación. Al separarnos de la comunión seremos fácil presa de los errores teológicos que me pueden llevar a pensar que soy un elegido.

3.- Surge de construir una doctrina a gusto de cada uno.- Un profesor mío de universidad me contó como en una iglesia de corte carismático en Venezuela, se había sacado una gigantografía con la foto de la pareja de pastores, porque el Señor le había dicho al pastor que se casara de nuevo con otra persona, y estaban poniendo la foto con su nueva esposa.

En febrero del  año pasado la esposa del pastor Benny Hinn anunció que estaba pidiendo el divorcio a su esposo. Este al principio dijo sentirse sorprendido para luego reconocer que tenían años de vivir separados y lo más incomprensible, anunció que seguiría con su ministerio, porque “nadie le impedirá que siga sirviendo a su Señor y Salvador Jesucristo”.

Estos dos ejemplos nos sirven para mirar hasta donde ha llegado la palabra del líder “ungido” a ser una verdad por encima de la Palabra de Dios, y ya somos nosotros mismos los que dejamos ver que ya no es tan importante ser “esposo de una sola mujer” o que ya el divorcio dejó de ser tan grave como para que la Palabra nos diga que “lo que unió Dios que no lo separe el hombre”.

Qué diferencia con el Dr.James Dobson que en medio de su fama decidió retirarse de dar conferencias por tres años porque sus hijos estaban en una edad que lo necesitaban con ellos. ¿No es eso acaso lo que se exige de personas que son líderes cristianos? ¿No es la familia antes que nuestro ministerio?

4.- La herejía surge de hacer hincapié excesivo en una parte de la verdad.- El ejemplo más claro seria la teología de la Prosperidad, donde se nos ofrece todo tipo de bendición terrenal, se nos ofrece un cristianismo del primer mundo, donde nada nos faltará en términos de economía. Al enfatizar el hecho de que servimos a un Dios bendecidor, nos olvidamos que se nos dice que no recibimos cosas porque pedimos mal para gastar en nuestros deleites (Stg.4:3), y que dice que debemos pedir conforme a su voluntad (1 Jn.5: 14 y 15)  y no dice en ninguna parte que Dios quiere que todos sus hijos sean ricos.

5.- La herejía surge cuando se trata de producir una religión que sea popular y atractiva.- Esto sucede cuando ponemos énfasis en lo holístico, en lo que pasa aquí, como si esto es lo único que existiera. Hemos cambiado lo que es importante y así oímos a pastores decir que lo que desean es dejar a sus hijos millonarios, o que Dios quiere que tengamos una autoestima fuerte. Cosas que hace que la gente se ponga feliz pero que no contribuyen a generar en los creyentes el carácter de Cristo.

La palabra pecado cada vez se aleja más de los pulpitos, ahora son errores y ya no hablamos de arrepentimiento sino de este Dios que quiere que vivamos en Disneylandia. La pregunta que me asalta una y otra vez es: ¿Si Dios realmente diera todas estas bendiciones y nunca la pasáramos mal, querremos irnos al cielo algún día? 

http://lascosasporsunombre.com.es/

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La conversación con Dios

Posted by Jhon en Viernes, octubre 14, 2011

¿Se pregunta usted, por qué pareciera que a sus oraciones les faltara algo? ¿Algunas veces se pregunta si al orar está haciendo algo mal?

La oración es uno de los privilegios más maravillosos que Dios nos ha dado, pero no siempre pensamos que es así. Aunque siempre tenemos la oportunidad de acercarnos confiadamente al trono de la gracia, y ser escuchados de inmediato por el Padre celestial, a veces nos preguntamos si nuestro tiempo delante de Él de verdad importa. Sí, somos rápidos para buscar a Dios cuando el sufrimiento o los problemas llaman a nuestra puerta, pero en realidad, ¿para qué más es la oración?

La prioridad de la oración

Dios nos creó para relacionarnos con Él, y la oración es parte vital de nuestra interacción con el Señor. Piense en su mejor amigo. ¿Cómo se desarrolló esa amistad? Lo más probable es que exigió que conversaran y pasaran tiempo juntos. Eso es exactamente lo que se necesita para cultivar una relación estrecha con el Señor. Sin la comunicación, Dios puede parecer un extraño. Él nos conoce por dentro y por fuera, pero a menos que hagamos de la oración una prioridad en nuestras vidas, no le conoceremos. Perder la oportunidad de conocer al Señor íntimamente, es una de las mayores tragedias en la vida del creyente.

¿Se da cuenta de que lo que Dios quiere es que la totalidad de su ser le pertenezca a Él, para comunicarse con usted, revelársele y mostrarle su amor? Todos sabemos que debemos amarlo, ¿pero ha pensado alguna vez en lo mucho que Él disfruta de su relación con usted? Al Señor le encanta pasar tiempo con usted. La vida cristiana no consiste solamente en cuánto usted sirve, con cuánta generosidad da, o en lo mucho que asiste a la iglesia. Lo único realmente importante es pasar tiempo a solas con Él para experimentar su maravillosa presencia.

Si quiere ver un ejemplo perfecto, basta mirar a Jesús. Aunque era el inmaculado Hijo de Dios, y Dios mismo, hizo de la oración su prioridad. Marcos 1.29-39 nos describe un día de su vida. Después de enseñar durante toda la mañana en la sinagoga, fue a casa de Pedro y sanó a su suegra. La noticia del milagro que hizo corrió rápidamente, y cuando llegó la noche toda la ciudad se agolpó a la puerta. Sin embargo, aun después de una noche muy atareada echando fuera demonios y sanando enfermos, Jesús se levantó temprano en la mañana cuando todavía estaba oscuro, y se fue a un lugar apartado a orar. Pero sus discípulos lo encontraron pronto, y comenzó otro día de duro trabajo.

¿No se identifica usted con esta historia? Por nuestros agitados estilos de vida, uno de los problemas más grandes que tenemos es apartar tiempo para la oración. Pero, a diferencia de Jesús, a menudo ponemos excusas. Me levanté tarde, y estoy demasiado cansado para orar. Tengo tanto que hacer, y no tengo tiempo. Es inútil; cada vez que lo intento, alguien o algo me interrumpen. Pero Jesús no permitió que las exigencias de este mundo le impidieran pasar tiempo a solas, de forma habitual, con su Padre. El Señor “se apartaba a lugares desiertos, y oraba” (Lc 5.16). De hecho, en una ocasión, cuando tuvo que tomar una decisión muy importante (la elección de sus doce discípulos), “pasó la noche orando a Dios” (Lc 6.12, 13). El tiempo con su Padre no era una cuestión de conveniencia para Él, sino una necesidad absoluta que a veces requería un sacrificio.

Si Jesús consideraba esencial la oración, ¿cuánto más debemos hacerlo nosotros? Al igual que Cristo, necesitamos desarrollar la práctica de pasar prolongados períodos de tiempo a solas con el Señor. Y puesto que se trata de una conversación, para escuchar su voz hablando a nuestros corazones, debemos incluir siempre a la Biblia. Por medio de la Palabra de Dios, el Espíritu Santo nos guía, para que sepamos qué pedir. Al aclarar el Espíritu Santo el significado en sus páginas, aprendemos quién es Dios, sus caminos, y lo que Él ha prometido hacer. Cuando abrimos nuestros corazones para escuchar su voz apacible y delicada, y alineamos nuestras vidas con la suya, nuestra fe crece.

Obstáculos para la oración

Sin embargo, a pesar de todas las promesas de Dios, y considerando todos nuestros problemas, ¿por qué permitimos que la oración se convierta en algo secundario en nuestras vidas? Para ayudarle a evaluar y reconocer la prioridad que usted le está dando a la oración, responda esta pregunta: ¿Cuánto tiempo pasó a solas con el Señor la semana pasada —y no me refiero en su automóvil yendo al trabajo? ¿Serían cinco, diez o quince minutos? Tal vez ya es hora de que se haga un autoexamen para que determine si hay algo que le está impidiendo dar a la oración la prioridad absoluta en su vida.

EL AJETREO. Una agenda exigente es probablemente el mayor obstáculo para pasar tiempo con el Señor. Nuestra sociedad exige tanto de nosotros que estamos en peligro de ir tras lo urgente e inmediato, y no ver lo que es más imperativo para nuestra salud espiritual y, en última instancia, para nuestro éxito permanente —la intimidad con Dios. ¿Ha dejado que otras cosas sean más importantes para usted que su relación con el Padre celestial? Tómese su tiempo para pensar en las consecuencias a largo plazo de lo que usted está haciendo. Mucho de lo que hacemos no significa nada en la eternidad, pero el tiempo invertido con el Señor siempre rinde beneficios eternos.

LA FALTA DE INTERÉS. Por más difícil que pueda ser esta verdad, la realidad es que a veces no tenemos interés en la oración. Si le parece que Dios es un extraño, no tendrá ningún deseo de relacionarse con Él. La solución para este problema es familiarizarse con Él, y puesto que la Biblia revela quién es Dios, hay que comenzar por allí. Cuando lea su Palabra, inicie una conversación con el Señor; hable con Él y hágale preguntas. Después, escuche su voz apacible hablando a su corazón. A medida que pase tiempo con Él, su conocimiento, su confianza y su amor crecerán hasta el punto de que estar con el Señor se convertirá en un gozo.

LA DECEPCIÓN. A veces, nos decepcionamos de la oración, porque parece que Dios no está respondiendo nuestras peticiones. Nos parece inútil seguir haciéndolo, así que no seguimos. El problema aquí es doble. Primero, hemos limitado la oración a una operación de “pedir y recibir”, en vez de centrarnos en crear una relación con nuestro tierno Padre celestial. Segundo, hemos dado por hecho que si no conseguimos lo que pedimos, fue una pérdida de tiempo y esfuerzo. Pero Dios es muy sabio y misericordioso, y por eso no nos da todo lo que le pedimos. Al igual que un padre amoroso, hace pasar nuestras peticiones por el filtro de su voluntad perfecta, y nos da lo que es mejor, aunque eso nos cause una decepción o dificultades en el momento.

EL OLVIDO. Cuando la vida funciona sin problemas, cuando las bendiciones están fluyendo, y todo está bien, podemos tener la tentación de olvidarnos de Dios. Incluso podemos comenzar a pensar que podemos manejar la vida por nuestra cuenta. Lamentablemente, muchos cristianos hacen esto — solo buscan el Señor cuando se ven en una situación difícil. Pero el propósito de Dios cuando nos creó fue que experimentáramos una estrecha comunión con Él. Aunque el Señor puede valerse de pruebas para llamar nuestra atención y acercarnos más a Él, no debemos olvidarle en los tiempos de bendición. Recordemos que “toda buena dádiva y todo don perfecto desciende de lo alto, del Padre” (Stg 1.17). Nuestros tiempos de bonanza debieran recordarnos la manera tan perfecta y maravillosa como el Señor nos da las cosas. Por tanto, debemos tomar esas oportunidades para expresar nuestro amor y gratitud a Él.

Uno de los mayores problemas del olvido de la oración, es que nuestros sentidos espirituales se insensibilizan. Corremos el peligro de no poder escuchar a Dios cuando nos hable por medio de su Palabra, ya que no podemos sentir lo que Él está haciendo en nuestras vidas.

Pero si usted pasa cada día cultivando una enriquecedora relación con el Señor, cuando los problemas le golpeen podrá escuchar su voz, entender sus propósitos y confiar en Él. Las ventajas de desarrollar una relación con Dios por medio de la oración, son interminables y eternas.

Compromiso con una vida de oración

Un joven pastor me preguntó una vez: “Si usted pudiera darme un consejo, ¿que me diría?” Le dije que lo más importante de su ministerio era su tiempo a solas con el Señor. Si dejaba que le faltara eso, todo lo que tenía que ver con su vida y con su ministerio se vería afectado. Es lo mismo que yo le diría a usted. Mantener una relación íntima con Dios es crucial si quiere ser efectivo y fructífero.

La mayoría de los creyentes queremos tener esta clase de vida de oración. Nuestro problema no es la falta de deseo, sino de compromiso. Como todo lo de valor verdadero, hay que buscarla, pues no sucederá por accidente. Es posible que tenga que hacer cambios en su vida, pero cualquier sacrificio no será nada comparable con lo que ganará. Dios anhela reunirse con usted cada día. ¿No quisiera usted darle al Señor esto que tanto desea?

Charles Stanley

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