Cristiano en Construcción

La Santidad no es el camino a Cristo, Cristo es el camino a la Santidad.

Archive for 28 diciembre 2010

Posted by Jhon en Martes, diciembre 28, 2010

Toda tarea que Dios nos da, es importante para su reino.

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Pies y corazón limpios

Posted by Jhon en Martes, diciembre 28, 2010

Israel puede ser una tierra polvorienta, y los pies calzados con sandalias se ensucian yendo de un lado a otro. En la antiguedad, la persona que entraba en una casa se quitaba las sandalias y se lavaba los pies. O si los dueños de casa eran ricos, los sirvientes eran quienes se los lavaban. Esta desagradable pero necesaria tarea le tocaba al sirviente que tenía la jerarquía más baja.

Imagine la sorpresa de los discípulos cuando el Hijo de Dios tomó el papel de un sirviente pobre para arrodillarse a lavar sus pies. La necesidad de este servicio era enorme, ya que habían estado viajando por un tiempo. Pero nadie se ofreció a hacerlo.

Jesús hizo algo más que cubrir una necesidad; dio una lección. Cómo él aclaró: “Les he puesto el ejemplo, para que hagan lo mismo que yo he hecho con ustedes.” (Jn 13.15 NVI). Algunas iglesias han interpretado erróneamente esto, haciendo del lavado de los pies una ordenanza. Pero uno puede limpiarle la piel a otra persona, sin pensar en el significado de la acción de Cristo.

En realidad, la acción en sí no es el punto principal; la actitud es lo que cuenta. Cristo desea que estemos dispuestos a humillarnos para servir a los demás. él está buscando hombres y mujeres que dejen de lado el orgullo, la posición y el poder para hacer lo que sea necesario, dondequiera que haga falta, y en favor de quien necesite ayuda.

Jesús realizó sus más grandes y humildes actos de servicio en menos de veinticuatro horas. Lavó pies sucios usando las dos manos que serían traspasadas por los clavos el día siguiente. El mensaje aquí es que toda tarea que Dios nos da, es importante para su reino.

 

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El Mesón de Belén

Posted by Jhon en Domingo, diciembre 26, 2010

¡Cuán duro tuvo que ser para José y María no hallar un sitio para ellos al llegar a Belén! El mesón estaba repleto. No había lugar para ellos, y por consiguiente, tampoco para el Niño esperado.

Ese mesón es una imagen del mundo que no se interesa por Dios y piensa que puede arreglárselas sin Él. Por un lado, el nacimiento del Salvador ofreció un cuadro de extrema debilidad y pobreza, y por otro, lo que ocurrió en Belén muestra la grandeza de la gracia de Dios. Jesús vino al mundo sabiendo que no iba a ser recibido. ¡El Hijo de Dios, que fue hecho hombre, nació en un establo!

Hoy en día el Señor Jesús sigue siendo rechazado, aunque haya vuelto al cielo después de haber cumplido la obra de la salvación. Allá tiene un lugar de honra a la diestra “del poder de Dios”. Pero todos los que creen en él pueden prepararle un mesón en sus corazones, tal como lo escribió el apóstol Pablo a los efesios: “Para que habite Cristo por la fe en vuestros corazones, a fin de que (seáis) arraigados y cimentados en amor” (3:17).

Él busca una morada en el corazón de los suyos hasta que regrese con poder y gloria a esta tierra, donde será reconocido y honrado.

Amigo lector, ¿hay un lugar para el Señor en su corazón, o está lleno de otros huéspedes, es decir, de cosas o intereses que se disputan el lugar? Abrámosle nuestros corazones y demostrémosle nuestro afecto mediante la obediencia a su Palabra. ¡Él espera eso de nosotros!

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El Dador supremo

Posted by Jhon en Domingo, diciembre 26, 2010

En medio de todos los preparativos, de toda la ornamentación, y de todas las celebraciones de la temporada navideña, tenemos que apartar un tiempo de quietud para reflexionar en los regalos divinos que cambiaron para siempre el curso del destino humano. Cuando ese pequeño bebé entró en nuestro mundo en Belén, se desató desde el cielo la primera de un raudal interminable de bendiciones.

Nos enfocamos, por lo general, en el regalo del Padre: él dio a su Hijo para ser el Salvador del mundo (1 Jn 4.14). Pero los tres miembros de la Trinidad tuvieron parte en este despliegue divino de generosidad, que continuará hasta la eternidad. Jesús vino a ofrecer su vida como rescate por muchos, y después de su muerte y resurrección él y el Padre enviaron al Espíritu Santo para morar dentro de los creyentes para siempre (Mr 10.45; Jn 14.16; 16.7). El Espíritu, a su vez, da dones espirituales a todos los creyentes y produce su maravilloso fruto en sus vidas (1 Co 12.7-11; Gá 5.22, 23).

Pero estos regalos divinos no terminan en la tierra. Seguirán en el cielo cuando el Señor juzgue a los cristianos y les recompense por las buenas obras que jamás habrían podido hacer sin el poder de él (1 Co 3.13, 14; Jn 15.5). Todo el mérito y la gloria pertenecen a Cristo, y sin embargo, el Señor cubrirá de alabanzas, por pura gracia, a sus seguidores (1 Co 4.5).

Adoramos a un Dios compasivo y generoso. Piense en el derramamiento continuo de bendiciones desde su trono, y pregunte: ¿Cómo responderé hoy? él no necesita nada de usted, pero quiere ser parte suya —no para controlarle sin piedad, sino para mostrarle las “abundantes riquezas de su gracia en su bondad” (Ef 2.4-7).

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Una Nueva de Gran Gozo

Posted by Jhon en Sábado, diciembre 25, 2010

No temáis”. El mundo está lleno de problemas que no hacen más que generar temor: temor de los accidentes, del prójimo, del día de mañana, de la muerte… pero se me dice: ¡No temas! Buenas “nuevas”. Como los pastores en otro tiempo, yo también necesito y tengo ganas de oír una buena nueva. ¡Esto será un cambio! “Gran gozo”. ¡No se trata simplemente de un consuelo, ni siquiera de un aire de fiesta por una noche, sino de un verdadero gozo que perdura! “Para todo el pueblo”. Entonces no es sólo para mí, sino también para mi cónyuge, mis hijos, mis padres, mis vecinos y para usted, lector.

Hoy”. No es un sueño ni una esperanza para el mañana; ¡es una realidad para hoy, aquí y ahora! “Os ha nacido… un Salvador”. ¡Qué extraordinaria nueva! Existe alguien que me ama, me comprende, me asegura de que todo no está perdido, que se acerca a mí donde estoy, en el estado en que estoy, y me propone ayudarme, liberarme y salvarme.

Jesús es el Dios vivo, el Salvador de todos los que confían en Él. Él dice a cada uno de los que le buscan: –Aun si tienes la impresión de que estoy muy lejos, te conozco y sé cuál es tu situación. Hice todo lo necesario para salvarte. Háblame con tus propias palabras. ¡Entonces verás cuánto te amo y deseo hacerte feliz!

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Obediencia y sufrimiento

Posted by Jhon en Jueves, diciembre 23, 2010

¿Se ha preguntado usted alguna vez por qué tuvo Jesús que sufrir tanto cuando vino a la tierra como hombre?

Uno podría esperar que el Hijo del Dios vivo tuviera una vida cómoda y una muerte tranquila. Después de todo, ¿no habría pagado su sangre nuestros pecados, aunque hubiera sido derramada sin dolor y sufrimiento?

Pero Cristo se hizo hombre y vino a la tierra no solo para morir por nuestros pecados, sino también para identificarse con nosotros —con excepción del pecado— en cada área de nuestras vidas. Y eso incluye el sufrimiento (He 2.17, 18). ¿Cómo podía un Salvador que nunca había padecido dolor ayudarnos en nuestro sufrimiento? Además, cuando para nosotros es difícil obedecer al Señor, necesitamos la ayuda de Aquél que aprendió la obediencia por las cosas que sufrió.

Pero, a diferencia de nosotros, el Señor Jesús no pasó de rebelde a obediente. Más bien, experimentó de manera personal la senda que tenemos nosotros que andar cuando Dios nos llama a hacer algo difícil o doloroso. Cristo luchó en su humanidad con la tarea que tenía ante él: la muerte en la cruz. A pesar de que el Padre escuchó su clamor, el plan no fue cambiado, y Jesús lo sufrió todo en absoluta sumisión, tal como lo había hecho con cada “tarea” divina a lo largo de su vida terrenal.

La única razón por la que usted y yo tenemos la salvación, es porque Jesús hizo siempre lo que agradaba a su Padre; de haberse él rebelado en esta área, toda esperanza para la humanidad perdida habría sido revocada. Si su obediencia en el sufrimiento dio como resultado un beneficio tan grande, imagine lo que está reservado para nosotros si hacemos lo que Dios quiere.

 

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Posted by Jhon en Domingo, diciembre 19, 2010

Cuando el pueblo de Dios cae de rodillas, y reclama el poder y la autoridad de Cristo, todo comienza a moverse en el cielo, y todo comienza a estremecerse en el infierno.

Charles Stanley

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La escuela de obediencia de Dios

Posted by Jhon en Sábado, diciembre 18, 2010

A partir de los cinco años, nuestros hijos son matriculados en la escuela, y reciben lecciones que deberán aprender cada año. Nosotros también somos estudiantes. Cuando fuimos salvos, nos convertimos en alumnos de la escuela de obediencia del Señor. En ella, descubrimos la necesidad de confiar en él y esperar su dirección. En ella se nos enseña la importancia del compromiso, y aprendemos a buscar su Palabra como guía.

Dios quiere también que aprendamos a:

  • Escuchar atentamente las indicaciones del Espíritu Santo. Nuestro Dios no habla con una voz audible, pero se hace escuchar con toda claridad a través de su Espíritu. Jesús dijo que éste es nuestro Ayudador que nos recordará los pasajes de la Biblia que hemos estudiado (Jn 14.26), y nos enseñará cómo aplicarlos.
  • Obedecer el siguiente paso. Abraham fue llamado a dejar su casa y viajar a un destino desconocido (Gn 12.1). Obedeció a pesar de que el camino no estaba claro. Nosotros, también, debemos avanzar por fe aunque no conozcamos todos los detalles.
  • Esperar tener conflictos. No podemos vivir una vida de obediencia sin tener problemas con el mundo (Jn 16.33). Nuestros amigos o familiares podrán alejarse cuando se den cuenta de que ciertos intereses nuestros han cambiado. Algunos podrán solamente criticarnos, mientras que otros nos rechazarán por completo.

Practicar un estilo de vida de obediencia no significa que nunca cometeremos errores. Pero sí requiere diligencia, si queremos tener éxito. Obedecer al Padre fue la prioridad y el propósito del Señor Jesús, y lo mismo debemos hacer nosotros. ¿Cuál de estas lecciones quisiera usted comenzar a ejercitar primero?

 

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Un estilo de vida de obediencia

Posted by Jhon en Viernes, diciembre 17, 2010

Según Juan 14.21, demostramos nuestro amor a Cristo obedeciendo sus preceptos. Para amarle de todo corazón, tenemos que tener una vida de obediencia. Veamos cuatro consecuencias de ese estilo de vida:

  1. Nuestra confianza en el Padre crece. Esta confianza viene de creer que el Señor es quien la Biblia dice que él es. Y la Palabra de Dios nos dice que él es bueno y también fiel para cumplir sus promesas (2 Co 1.20). El Salmo 86.15 lo llama misericordioso, clemente, amoroso, y lento para la ira. Su carácter no cambia debido a circunstancias dolorosas o difíciles de entender (He 13.8).
  2. Desarrollamos una mayor capacidad para esperar en el Señor. Las demoras pueden ser difíciles en nuestra cultura del “quiero tenerlo ya”. Pero debemos resistir la tentación y esperar en él, en vez de adelantarnos a las cosas.
  3. Nos comprometemos a obedecer a Dios. Sin esta determinación, vacilaremos en el momento de elegir, o permitiremos que el temor nos impida aceptar su dirección.
  4. Nuestro estudio de la Palabra se vuelve consecuente. La Biblia revela las prioridades, los mandatos y las advertencias de Dios. Actúa como una luz que ilumina el camino que él eligió para nosotros, y nos revela los obstáculos y los peligros en el camino (Sal 119.105). Sin esta luz, somos como una persona que anda por el bosque en la noche oscura sin una linterna.

Convertirse en cristiano no significa que la obediencia al Señor será automática. Es un proceso de crecimiento en la fe y de paciencia para esperar antes de actuar que dura toda la vida. Esto requiere el firme compromiso de obedecer, para que podamos decir no al pecado, y sí a Dios.

 

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Posted by Jhon en Domingo, diciembre 12, 2010

Cuando vayamos al cielo, y nos demos cuenta de todo lo que la oración logró en la tierra, nos avergonzaremos de haber orado tan poco.

W.E. Sangster

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