Cristiano en Construcción

La Santidad no es el camino a Cristo, Cristo es el camino a la Santidad.

Archive for 30 octubre 2010

LEERÈ LA BIBLIA COMO UNA RELACIÒN Y NO COMO RELIGIÒN

Posted by Jhon en Sábado, octubre 30, 2010

Atan pesadas cargas y las ponen sobre los hombros de los otros, pero ellos ni con un dedo hacen por moverlas“.   (Mateo 23:4)

La religión impone pesadas cargas, agota y disminuye.  La relación con Dios disminuye las cargas y nos libera.  La religión puede usar la Biblia para agotar y  desanimar, la relación con Dios hace que disfrute de la dulce palabra de Dios.
Uno de los puntos más fáciles para ser confundidos respecto a nuestro papel con relación a las provisiones del Señor para nosotros es  el leer la
Biblia.

Dios quiere que leas la Biblia, no con el fin de probarle algo a ÉL ni de ganar algo de ÉL, sino porque ÉL quiere beneficiarte.
Todos los que han caminado con el Señor te dirán que leer la Biblia es una de las cosas más importantes y útiles que puedes hacer para crecer espiritualmente fuerte y estable.

Vamos a ver algunas de las razones por las cuales èsto es cierto, y a explorar muchos de los beneficios increíbles que recibimos al leer la Palabra de Dios.   Pero, a lo largo de tu caminar con el Señor, recuerda que la intención de Su palabra es que te sirva, no que tú le sirvas a ésta.  El leer la Biblia no es una obligación religiosa; es una oportunidad maravillosa, dadora de vida, disponible cada vez que quieras.

La Biblia es la fuente de la Sabiduría divina que alienta , dirige y forma.  A veces sientes que te falta algo?  Entonces abre hoy tu corazón a la Palabra edificadora de Dios y deja que ella te alimente.
Hoy, quiero acercarme a la Biblia no con espíritu de religión sino espíritu de relación.

Señor, gracias te doy por dejarme este maravilloso libro donde encuentro cada día Palabra de esperanza y de fè.  Se que a através de tus principios me alimentas y me guías.  Ayúdame a beber de esa agua hoy. Amén.


Bendiciones.

Angela

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La respuesta a la disciplina de Dios

Posted by Jhon en Miércoles, octubre 27, 2010

El pecado siempre nos aleja de Dios y estorba su obra en nuestras vidas. Por eso, el Señor no permitirá que persistan, sin corrección divina, patrones pecaminosos de conducta. El propósito de su disciplina es instruirnos en la santidad personal (He 12.10).

Algunos cristianos confunden la palabra disciplina con castigo. Pero la Biblia nos dice que Cristo tomó nuestro castigo sobre sí mismo en la cruz. él pagó el precio exigido por todos los pecados, y sufrió la ira de Dios por nosotros, para que pudiéramos ser perdonados. Después que recibimos a Cristo como Salvador, somos una nueva creación, y ya no estamos bajo condenación (Ro 8.1).

La disciplina de nuestro Padre celestial es correctiva, no punitiva. él usa las experiencias duras y las circunstancias para alejarnos de las prácticas impías y enseñarnos a ser piadosos (1 Ti 4.8). Por eso, cuando experimentamos su disciplina, debemos entender que hemos pecado, examinar la falta cometida con la ayuda del Espíritu Santo, y tomar en serio su corrección. En vez de desanimarnos, debemos reconocer que el Señor nos está tratando como lo haría un padre amoroso —buscando lo mejor para nosotros, y disciplinándonos para nuestro bien. En vez de quejarnos contra Dios, haremos bien en cooperar con él y mantener la mirada fija en la cosecha de rectitud y paz prometida.

No todas las adversidades son resultado del pecado; también pueden tener su origen en desastres naturales, enfermedades mentales o físicas, o en las acciones de otras personas. Pero si sus problemas son consecuencia de acciones pecaminosas cometidas por usted, confiéselas y acepte la disciplina de un Padre amoroso (Is 43.4).

 

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Conocer la Biblia o Conocer a Jesús

Posted by Jhon en Viernes, octubre 22, 2010

Un célebre comediante fue invitado a una fiesta de familia y se le pidió que recitase un texto. Como no sabía qué escoger, el abuelo le propuso el Salmo 23. El artista, un poco molesto, declamó con su habitual talento y fue felicitado con aplausos. Cuando se hizo silencio, el anciano creyente a su vez recitó el Salmo con su voz habitual. Todos estaban emocionados. Entonces el actor se volvió hacia el abuelo y le confesó: –Bien puedo decir que yo conozco el Salmo, pero usted conoce al Pastor.

En otra oportunidad, durante un ensayo, una solista acababa de cantar el fragmento de «El Mesías» de Haendel en el cual el compositor puso música al versículo 19:25 del libro de Job. Entonces el jefe de orquesta le dijo: –Usted canta magníficamente, señora, pero no se siente que su Redentor vive. La cantante no supo qué contestar.

Estas dos anécdotas atraen nuestra atención sobre un hecho importante. ¿Leemos la Biblia y podemos recitar pasajes enteros de ella? Está bien, pero lo importante es que yo esté convencido de que es la Palabra de Dios para mí, que me lleva a tener un contacto personal con Jesucristo, el Hijo de Dios. El conocimiento intelectual del Santo Libro no salva ni da la paz. Lo que necesitamos es un Salvador, una persona viva, un Redentor que atraiga nuestro corazón hacia él y nos aleje de la esclavitud de Satanás y del pecado. Él también es el buen Pastor que se ocupa con amor diariamente de nosotros.

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Cómo reclamar una promesa de Dios

Posted by Jhon en Jueves, octubre 21, 2010

Las promesas de Dios son muy preciosas. No sólo nos recuerdan su interés personal en nuestras vidas, sino que también nos dan esperanza y aliento en los momentos difíciles.

Pero antes de apropiarnos de una promesa, debemos examinarnos en tres categorías: la fe, la obediencia y la paciencia. Primero, debemos poner la fe en Cristo como nuestro Salvador personal y vivir en base a nuestra fe en él. Obedecer a Dios también es necesario. Si seguimos desobedeciendo al Señor voluntariamente, él no está obligado a cumplir su promesa (1 P 3.12). Por último, la paciencia es otro requisito. Dios actúa según su calendario para lograr sus propósitos, conforme a su plan perfecto. Esperar en él es necesario.

A veces, parecerá como si una promesa divina no se está cumpliendo. En ese caso, eche una segunda mirada al pasaje bíblico para asegurarse de que se aplica a usted. Después, compruebe que ha llenado todos los requisitos, y compruebe si hay una necesidad verdadera. Si tiene todavía el convencimiento de que la promesa se aplica a usted, entonces puede profundizar un poco más en la petición. ¿Será honrado el Señor cuando se cumpla esta promesa? ¿Puede él responder esta oración sin que resulten dañadas otras personas, o estorbar la voluntad de él para sus vidas? ¿Me ayudará esto a crecer espiritualmente? Estas preguntas adicionales le ayudarán a reclamar una promesa de Dios.

El Espíritu Santo es nuestro maestro, quien nos enseñará en cuanto a las promesas del Señor Jesucristo. él quiere edificar nuestra fe por medio de la Biblia, darnos el aliento necesario para obedecer, y desarrollar en nosotros el fruto de la paciencia.

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Pedir cosas grandes

Posted by Jhon en Lunes, octubre 18, 2010

Jesucristo hizo una audaz declaración cuando dijo: “Si algo pidiereis en mi nombre, yo lo haré” (Jn 14.14). Puesto que es contrario a la naturaleza de nuestro Trino Dios romper una promesa (Tit 1.2), sabemos que el Señor cumplirá su palabra.

De manera que, cuando pedimos algo grande y no sucede nada, la falta no es de Dios. Los creyentes están llamados a vivir una vida recta. El Señor no pasará por alto la pereza espiritual para darnos lo que queremos. él tiene dos requisitos para responder las peticiones.

  • Acercarse a Dios dependiendo solo de los méritos de Cristo. La sangre del Salvador pagó nuestro derecho a entrar a la presencia santa del Padre celestial. Su sacrificio en el Calvario quitó nuestros pecados y nos vistió con su justicia, lo que nos permite estar ante el trono sin avergonzarnos. No ganamos el favor de Dios por las buenas obras, ni recibimos respuesta a nuestras oraciones por ser superespirituales. Dios nos responde porque su Hijo está sentado a su diestra intercediendo por nosotros.
  • Enfocarse en la santidad de Dios— o sea, estar separados de todo pecado. Dios dijo que no escucharía a quienes “abrigan maldad” en su corazón (Sal 66.18 NVI). Si él respondiera la oración cuando estamos viviendo voluntariamente en pecado, entonces estaría aprobando nuestra transgresión. Por tanto, el creyente debe apartarse de su pecado antes de pedir algo al Señor.

Dios es siempre fiel. él está dispuesto a darnos lo que necesitamos y, además, a bendecirnos con abundancia. Pero no es una oferta a cambio de nada. El Señor exige una vida recta de sus seguidores. Quienes vivan conforme a la voluntad de Dios pueden confiar en que él les dará cualquier cosa que pidan en el nombre de su Hijo.

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LOS 33 MINEROS Y LA MILAGROSA MANO DE DIOS

Posted by Jhon en Jueves, octubre 14, 2010

Hoy los ojos del mundo miran el rescate de los mineros en Chile.   Los corazones de millones de personas de todo el mundo ruegan porque cada uno de estos mineros pueda llegar con bien a tierra firme y segura.   La emoción que uno siente al ver cada uno de estos rescates es indescriptible.   Personalmente no puedo evitar que mis ojos derramen lágrimas de emoción, ya que dos amigos a los cuales quiero mucho viven en Chile.

Pero uno de los relatos que más llamó mi atención fue el de un minero que contaba que él antes de este episodio no creía en Dios, se proclamaba ateo, pero que luego de esta experiencia, pudo confesar que creía en Dios y en sus milagros. Porque sòlo un milagro pudo dar vida y sostener a cada uno de esos mineros mientras se encontraban atravesando toda esta situación.

Y yo no puedo pasar un detalle como èste por alto.  Porque Dios siempre está presto a ayudar a sus criaturas, aún cuando muchas veces ellos dudan hasta de su existencia.   Dios estuvo en medio de ese desierto literal, emocional y físico que estuvieron enfrentando estos hombres.

Hoy Chile, las familias de estos hombres y gente de todo el mundo podemos celebrar la vida y el milagro que Dios hizo en estos obreros.

Lo único que me gustaría pensar es que ninguna persona que dice ser no creyente, tenga que atravesar una experiencia tan difícil como èsta para percatarse de que Dios es muy real y siempre está presente para socorrernos cuando clamamos y gemimos angustiados por auxilio.  No importa que en estos momentos sientas que estás cargando una cruz muy pesada, Dios está a tu lado para ayudarte a sostener su peso.

Por tal razón, seca tus lágrimas y prosigue hacia el lugar a donde sabes que tienes que llegar.


Bendiciones.

Angela

(Gracias Angelita, desde Chile todo nuestro amor y los mejores deseos, Jhon & Cris)

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La oración centrada en Dios

Posted by Jhon en Jueves, octubre 14, 2010

2 Crónicas 20.1-18

Alguien me preguntó una vez si yo me había escuchado orar a mí mismo. Como nunca lo había hecho, decidí grabar mi voz mientras oraba por algo que me tenía muy preocupado. Después de escuchar la grabación, pensé: “Señor, creo que yo tampoco respondería una oración así”. Estaba llena de descripciones negativas de la gravedad de la situación, y de lo deprimido que me sentía.

Después de encontrarse repentinamente en una situación terrible, Josafat optó por una estrategia diferente: buscó al Señor por medio de la oración centrada en él. En vez de venir al Padre celestial con una actitud de “¡ay, pobre de mí!”, comenzó por enfocarse en el poder y la soberanía del Señor (v. 6), en su fidelidad del pasado para con Judá (vv. 7, 8), y en su promesa de oír y salvarlos (v. 9). Solo después de fortalecer su fe por medio de estos recordatorios de la suficiencia de Dios, hizo su petición (vv. 10-12).

Josafat terminó su oración con las palabras: “no sabemos qué hacer, y a ti volvemos nuestros ojos” (v. 12). Hay una gran sabiduría en esperar la dirección del Señor, y mantenernos enfocados en él. Esto no solo fortalece nuestra fe, sino que también nos permite ver su respuesta. Los ojos que están fijos en la imposibilidad de una situación, rara vez distinguen la dirección de Dios y su intervención a nuestro favor.

Al orar, decidimos o magnificar al Señor o agrandar nuestra dificultad. ¿Se concentra usted en la fidelidad de Dios todopoderoso, o en lo abrumador del problema y los sentimientos negativos? Mantengamos nuestros ojos en él, y esperemos con confianza total hasta que veamos las cosas grandiosas que hará por nosotros.

 

 

 

 

 

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Cómo triunfar ante la adversidad

Posted by Jhon en Martes, octubre 12, 2010

Un rasgo notable del apóstol Pablo era su determinación de avanzar ante la adversidad. Hay muchas personas que se quedan varadas en las dificultades de la vida. Están demasiado atemorizadas o amargadas como para avanzar ante las dificultades. Lo que hacen es esperar que el Señor les quite el problema, pero él no actúa siempre así.

La manera como la persona responde a las adversidades muestra su verdadero carácter. Es en los tiempos de dificultad cuando necesitamos armonizar nuestras acciones con nuestras palabras. Es fácil decir: “Yo confío en Dios”, o “Mi Señor es fiel”, cuando las cosas marchan bien en la vida. Pero a menos que reconozcamos que Dios es soberano aun en la adversidad, los mismos labios se quejarán y buscarán la conmiseración. Los creyentes que confían en la fidelidad y la preeminencia del Señor se enfocarán en él, y por consiguiente mantendrán su ansiedad y sus dudas bajo control.

Para vencer la adversidad, tenemos que comenzar a movernos a través de ella. Es esencial que el cristiano que está sufriendo se rinda a la voluntad de Dios. Es posible que no sepamos cuál es su propósito; desde luego, no nos gustará el dolor, y desearemos que la situación cambie rápido. Pero dejar que el Señor haga lo que él quiere nos permite madurar en la fe, conformarnos a la imagen de su Hijo, y realizar su plan particular para nuestras vidas.

Rendirse no pareciera ser la manera de avanzar. Pero, en realidad, solo estamos entregando el control a Dios y diciendo: “Guíame adonde quieres que yo vaya”. Hacer esto exige mucha fe. Pero adoramos a un Señor que es digno de nuestra fe y confianza.

 

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En busca del fruto

Posted by Jhon en Viernes, octubre 8, 2010

Como creyentes, todos queremos tener el fruto del Espíritu, pero ¿cómo podemos saber si en verdad lo tenemos? Incluso los no creyentes pueden exhibir estas cualidades cuando las circunstancias son positivas. Este fruto del Espíritu, que tiene nueve manifestaciones, no es lo que hacemos, sino lo que somos, y básicamente salen a la luz cuando las circunstancias no son favorables. Dos características nos ayudan a reconocer estas cualidades en nuestra vida.

Los creyentes que dan fruto no son controlados por su entorno. Todos pasamos por pruebas y sufrimientos, pero quien tiene la llenura del Espíritu no pierde su fruto por sus circunstancias. Mantiene su gozo aun cuando las dificultades le abrumen. Si alguien le habla con dureza, responde con amabilidad. Porque el Espíritu Santo tiene el control, es libre para producir su fruto sin importar cuáles sean las circunstancias. A pesar de que estos creyentes pueden sentir dolor, enojo o deseo de venganza, optan por confiar en que el Señor les protegerá y dirigirá el resultado.

Los creyentes que dan fruto se recuperan rápidamente después de una caída. Estos creyentes no son perfectos, pero sí sensibles al fallo condenatorio del Espíritu, y se apresuran a volver al Señor en arrepentimiento. En realidad, están agradecidos por la corrección y alaban a Dios, no solo por haberles revelado su debilidad, sino también por haberlos traído de vuelta a la obediencia. Nadie produce estas asombrosas cualidades por sí solo. El empeñarse en ser buenos nunca funcionará. La transformación del carácter se produce cuando nos sometemos a Dios, dándole el control total de nuestras vidas.

 

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La cárcel del pasado

Posted by Jhon en Miércoles, octubre 6, 2010

Imaginemos a un hombre llamado Daniel que, después de cumplir su condena de veinte años acaba de ser excarcelado. ¡Ahora, después de dos décadas tras las rejas, va a probar la libertad otra vez! Pero antes de salir, hace una extraña petición: “Por favor, quítenle las bisagras a la puerta de la celda, y átenlas a mi espalda”. Los carceleros lo hacen, y el hombre libre pasa el resto de su vida en esta condición.

La historia de Daniel suena ridícula. No obstante, muchos de nosotros llevamos a todas partes los sentimientos de culpa como la puerta de una cárcel atada a nuestra espalda. Jesucristo nos liberó, pero tenemos problemas para dejar atrás por completo la antigua prisión. El problema es que no creemos en realidad que Dios nos ha perdonado. Muchas veces he aconsejado a cristianos que dicen. “¡Todos los días le pido al Señor que me perdone!” Cuando les explico que Dios ya ha cubierto su pecado, escucho que dicen: “Sí, pero…”

No hay “pero” que valga. O Dios perdona, o no perdona. Si usted ha aceptado a Jesucristo como su Salvador, entonces es libre del pecado (Col 1.14). El Señor promete que no usará nuestros pecados contra nosotros, y que incluso no los recordará (He 10.17). Nada bueno puede salir de desenterrar los fracasos y los pecados del pasado que él echó tras sus espaldas (Is 38.17). El Libertador ha derribado las paredes de nuestra prisión. Por tanto, deje a un lado la culpa, y viva libre.

Cuando Dios mira a un creyente, ve un espíritu limpio de todo pecado. No permita que la culpa por los errores del pasado le mantenga en la cárcel un segundo más. Crea lo que Dios le dice, que él alejó sus pecados, cuanto está lejos el oriente del occidente (Sal 103.12).

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