Cristiano en Construcción

La Santidad no es el camino a Cristo, Cristo es el camino a la Santidad.

Archive for 30 julio 2010

Posted by Jhon en Viernes, julio 30, 2010

La prosperidad material, como lo demuestra la sociedad occidental, puede llevar a la indiferencia espiritual.

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Desigualdades Escandalosas

Posted by Jhon en Viernes, julio 30, 2010

Cuando la cumbre social de la ONU tuvo lugar en Ginebra, durante el verano del año 2000, se publicaron datos abrumadores acerca de la pobreza en el mundo. La mitad de la humanidad dispone de menos de dos dólares diarios; un cuarto no tiene acceso al agua potable; 40 millones de personas mueren de hambre cada año, y por falta de cuidados, un niño perece cada dos segundos. ¡Esto además del drama absoluto que constituye la propagación del sida y de muchos otros azotes catastróficos!

La diferencia de ingresos entre los más ricos y los más pobres no deja de aumentar (¡se triplicó en 40 años!), y la ayuda al desarrollo ha disminuido. Por otro lado, se oyen discursos sobre «el nuevo crecimiento», sobre los progresos de la humanidad en todos los campos de las ciencias y la tecnología… Estas escandalosas distorsiones muestran el desarrollo del egoísmo humano que Dios denuncia desde hace mucho tiempo.

¿Y nosotros sus hijos? Cualesquiera sean nuestros medios, seamos “ricos en buenas obras” (1 Timoteo 6:18). “Hagamos bien a todos”, empezando por los creyentes, sin cansarnos (Gálatas 6:9-10). Si se lo pedimos al Señor, él nos volverá atentos para ayudar, para alentar en la fe, para compartir según la medida de nuestros medios, y ¡no sólo de lo que nos sobra!

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Toda mi Historia en la Pared

Posted by Jhon en Jueves, julio 29, 2010

Una noche el evangelista César Malan había tomado como tema de su predicación la escena impresionante del banquete de Belsasar (Daniel 5:1-28).

Al señalar la pared de la sala con el dedo, el predicador exclamó: –Si en este instante una mano misteriosa escribiera sobre este muro la historia de mi vida y la vuestra, si unas cuantas líneas verídicas revelaran nuestros hechos y nuestros pensamientos secretos, ¿quién de nosotros se atrevería a echarle una ojeada? Un día, agregó el predicador, hace cerca de veinticinco siglos, este hecho tuvo lugar. En pocas palabras, pero sin apelación, la condenación del rey fue escrita en la pared de la sala del banquete bajo los ojos aterrados de todos.

Al dirigirse a aquellos que pretendían ganar su salvación por sus propios méritos, César Malan prosiguió: –Sean honestos consigo mismos. Busquen en su pasado. ¿Qué hallan en él? ¿Qué tiene usted que con toda sinceridad pueda serle ofrecido a Dios? Nada.

En efecto, ¿cómo alejar esa terrible amenaza que pesa sobre cada individuo? Un día todo será revelado. Todo lo que merece un juicio será condenado sin piedad por un Dios santo. A todo esto hay un único remedio: el sacrificio de Jesús, el santo Hijo de Dios, cumplido una vez para siempre en la cruz. Todo es de Dios, nada del hombre. Pero es necesario creer.

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“No me Des Pobreza ni Riquezas”

Posted by Jhon en Miércoles, julio 28, 2010

Dos cosas te he demandado…
Vanidad y palabra mentirosa aparta de mí;
no me des pobreza ni riqueza; manténme del pan necesario;
no sea que me sacie, y te niegue, y diga: ¿Quién es el Señor?
O que siendo pobre, hurte, y blasfeme el nombre de mi Dios.

Proverbios 30:7-9.

Éstas son las palabras de Agur. En Proverbios 30:2 dice de sí mismo que es rudo y no tiene entendimiento. Este humilde hombre, no pretensioso, pide a Dios que lo guarde de la pobreza y de la riqueza a la vez.

La razón de su primer pedido no es su bien estar, ya que como sabe que su indigencia podría llevarle a codiciar, e incluso a robar el bien de otro, desea ser preservado de este pecado ante Dios.

Pero, ¿por qué no querer las riquezas? ¡Podría ser una bendición divina! Agur piensa a largo plazo. Sabe que en una situación de abundancia pronto corremos el riesgo de creer que todo nos pertenece, que se nos debe todo y que gracias a nuestra inteligencia adquirimos todo ese bien. Sí, el sabio Agur teme olvidar a Dios, teme no dejarlo entrar más en su vida.

Esta sabiduría de Agur se parece a la exhortación del apóstol Pablo: “A los ricos de este siglo manda que no sean altivos, ni pongan la esperanza en las riquezas, las cuales son inciertas, sino en el Dios vivo, que nos da todas las cosas en abundancia para que las disfrutemos” (1 Timoteo 6:17).

Pidámosle a Dios esa sabiduría y sobriedad, y pensemos en nuestro modelo, Jesucristo, “que por amor a vosotros se hizo pobre, siendo rico, para que vosotros con su pobreza fueseis enriquecidos” (2 Corintios 8:9).

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Posted by Jhon en Sábado, julio 24, 2010

La debilidad del hombre es una vitrina donde se muestra el poder de Dios.

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Cuando NO DEBEMOS ayudar!

Posted by Jhon en Sábado, julio 24, 2010

Si alguien que amamos sufre, nuestro primer impulso es quitar su dolor.  Buscamos darle dinero, consejos o una manera de solucionar su situación.  Pero, si Dios no está dispuesto a arreglar el problema todavía, el creyente que se involucre se meterá en otra dificultad. ya que el Señor disciplinará al creyente que estorbe su actividad en la vida de la otra persona.  El amor puede cegarnos al hecho de que Dios puede llevar a una persona a una situación de total desesperación para que renuncie a su confianza en sí misma.  Solo cuando la fortaleza del Señor se manifiesta en su debilidad, la persona aprende lo que significa confiar en Dios. ¡no tratemos de obstaculizar esa lección esencial!

Los caminos de nuestro Padre celestial con frecuencia no tienen sentido para los seres humanos. nos preguntamos cómo puede el dolor ayudarnos a ser victoriosos.  Pero el triunfo más grande del Señor —derrotar la muerte y el pecado— se logró por el sacrificio de Jesucristo, que requirió dolor físico y emocional. el ejemplo del párrafo anterior nos ayuda a entender por qué Dios utiliza las penalidades en la vida de los creyentes. el dolor y la desesperación a menudo nos quitan los “apoyaderos” de los que dependemos, y exhiben nuestra necesidad de un Salvador.  La debilidad del hombre es una vitrina donde se muestra el poder de Dios.

Es natural que queramos librar de dolor a nuestros seres queridos.  Pero es posible que no seamos la herramienta que Dios desea utilizar con ese fin.  La forma prudente de proceder es preguntar a Dios si él quiere que nos involucremos; después de esto debemos ser sensibles a su voluntad y estar listos a hacernos a un lado para que su plan pueda seguir adelante.

Bendiciones.

Angela

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¿Se supone que un creyente es capaz de sentir la presencia del Espíritu Santo?

Posted by Jhon en Sábado, julio 24, 2010

Mientras que ciertos ministerios del Espíritu Santo pueden incluir una “sensación,” tales como la convicción de pecado, consuelo y poder – la Escritura no nos enseña a basar nuestra relación con el Espíritu Santo en lo que sintamos. Cada creyente nacido de nuevo tiene al Espíritu Santo morando en él. Jesús nos dijo que cuando el Consolador viniera, Él estaría con nosotros y en nosotros. “Y yo rogaré al Padre, y os dará otro Consolador, para que esté con vosotros para siempre: el Espíritu de verdad, al cual el mundo no puede recibir, porque no le ve, ni le conoce; pero vosotros le conocéis, porque mora con vosotros, y estará en vosotros.” (Juan 14:16-17). En otras palabras, Jesús está enviando a Uno como Él Mismo para estar con nosotros y en nosotros.

Sabemos que el Espíritu Santo está con nosotros porque la Palabra de Dios nos lo dice. Cada creyente nacido de nuevo es habitado por el Espíritu Santo, pero no cada creyente es “controlado” por el Espíritu Santo, y hay una marcada diferencia. Cuando andamos según nuestra carne, no estamos bajo el control del Espíritu Santo, aún cuando sigamos siendo Su morada. El apóstol Pablo nos habla sobre esta verdad, y él usa una ilustración que nos ayuda a entenderlo. “No os embriaguéis con vino, en lo cual hay disolución; antes bien sed llenos del Espíritu.” (Efesios 5:18). Mucha gente lee este verso y lo interpreta creyendo que el apóstol Pablo está hablando contra el vino. Sin embargo, el contexto de este pasaje es sobre el caminar y el luchar del creyente que está lleno del Espíritu. Por lo tanto, hay algo más aquí que solo una advertencia acerca de tomar mucho vino.

Cuando la gente está embriagada con mucho vino, exhibe ciertas características; se tambalea, su hablar se entorpece, y su juicio se daña. El apóstol Pablo establece aquí una comparación. Así como hay ciertas características que nos permiten percibir que alguien está controlado por la embriagues del vino, también deben haber ciertas características que nos permitan ver que alguien está siendo controlado por el Espíritu Santo. Cuando leemos Gálatas 5:22-24 acerca del “fruto” del Espíritu. Este es Su fruto, y es mostrado por los creyentes nacidos de nuevo que caminan bajo el control del Espíritu.

El tiempo del verbo en Efesios 5:18 indica un proceso continuo de estar siendo llenado por el Espíritu Santo. Puesto que es una exhortación el “sed llenos”, se deduce que también es posible no estar “llenos” o controlados por el Espíritu. El resto del capítulo de Efesios 5 nos dice las características de un creyente lleno del Espíritu. “Hablando entre vosotros con salmos, con himnos y cánticos espirituales, cantando y alabando al Señor en vuestros corazones; dando siempre gracias por todo al Dios y Padre, en el nombre de nuestro Señor Jesucristo.” (Efesios 5:19-21)

Por lo tanto, el creyente nacido de nuevo, no debe ser controlado por ninguna otra cosa que no sea el Espíritu Santo. No somos llenos del Espíritu porque “sintamos” que lo estamos, sino porque este es el privilegio y posición que tenemos en Cristo. El ser llenos o controlados por el Espíritu, es el resultado de caminar en obediencia con el Señor. Este es un don de gracia y no un sentir emocional. Las emociones pueden y son engañosas, y podemos fabricarnos un frenesí emocional que provenga puramente de nuestra carne y no del Espíritu Santo. “Digo, pues: Andad en el Espíritu, y no satisfagáis los deseos de la carne. – Si vivimos por el Espíritu, andemos también por el Espíritu.” (Gálatas 5:16, 25).

Habiendo dicho esto, no podemos descartar que hay veces que podemos encontrarnos abrumados por la presencia y el poder del Espíritu, y esto es con frecuencia una experiencia emocional. Cuando eso sucede, es un gozo como ningún otro. El rey David “bailaba de gozo” (2 Samuel 6:14) cuando ellos trajeron el Arca del Pacto a Jerusalén. Experimentar el gozo por el Espíritu es el entendimiento de que como hijos de Dios estamos siendo bendecidos por Su gracia. Así que, definitivamente, los ministerios del Espíritu Santo pueden involucrar nuestros sentimientos y emociones. Al mismo tiempo, mientras que el trabajo del Espíritu Santo puede incluir una “sensación,” no debemos basar nuestra seguridad de tener el Espíritu Santo, en la manera en que lo sintamos.

www.GotQuestions.org

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Posted by Jhon en Miércoles, julio 21, 2010

La desobediencia no hace mas que postergar la Bendición de Dios

Jhon

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El Hijo Mayor

Posted by Jhon en Domingo, julio 18, 2010

El hermano mayor del hijo pródigo (Lucas 15:25-32) permaneció al servicio de su padre durante la ausencia de su hermano menor. Un día, al volver del campo, oyó la música y las danzas. ¿Iba a regocijarse por el regreso de su hermano como lo hacía su padre? No, prefirió permanecer fuera. Estaba enojado. Le molestaba que se perdonara al culpable. Su padre salió y le rogó que viniera a alegrarse con los demás, pero sólo recibió reproches y quejas.

¿Por qué semejante actitud? En realidad este hermano mayor quería, tanto como su hermano, gozar de sus bienes con sus amigos, sin su padre (v. 29, final). Su comportamiento ilustra un hecho solemne: a pesar de una vida aparentemente correcta a los ojos de nuestros semejantes, podemos ser mucho más cerrados al amor de Dios que los que han conocido las amargas consecuencias del pecado. Porque lo que finalmente nos cierra el acceso a Dios es nuestro orgullo. “Por gracia sois salvos” (Efesios 2:8). Naturalmente no nos gusta esto. Queremos presentarnos ante Dios con nuestros méritos personales.

Pero sólo Dios puede vestirnos con “el mejor vestido”. Este vestido representa todas las virtudes de Cristo, las que se atribuyen gratuitamente a aquel que las recibe creyendo en su Nombre. “No hay otro nombre bajo el cielo, dado a los hombres, en que podamos ser salvos” (Hechos 4:12).

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¿Cómo debe lidiar un cristiano con los sentimientos de culpa, en cuanto a los pecados pasados, ya sean antes o después de la salvación?

Posted by Jhon en Viernes, julio 16, 2010

Todos hemos pecado, y una de las consecuencias del pecado es la culpa. Podemos estar agradecidos por los sentimientos de culpa, porque éstos nos llevan a buscar el perdón. Al momento en que una persona se vuelve del pecado para poner su fe en Jesucristo, su pecado le es perdonado. El arrepentimiento es parte de la fe que conduce a la salvación (Mateo 3:2; 4:17; Hechos 3:19).

En Cristo, aún los pecados más viles son purificados (ver en 1 Corintios 6:9-11 la lista de hechos perversos que son perdonados). La salvación es por gracia, y la gracia perdona. Aún después de que una persona es salva, cometerá pecados. Cuando lo hace, Dios aún promete el perdón. “Hijitos míos, estas cosas os escribo para que no pequéis; y si alguno hubiere pecado, abogado tenemos para con el Padre, a Jesucristo el justo.” (1 Juan 2:1).

La liberación del pecado, sin embargo, no siempre significa liberación de los sentimientos de culpa. Aún cuando nuestros pecados son perdonados, todavía los recordaremos. También, tenemos un enemigo espiritual llamado “el acusador de nuestros hermanos” en Apocalipsis 12:10, quien nos recuerda incesantemente nuestras fallas, faltas y pecados. Cuando un cristiano experimenta sentimientos de culpa, debe hacer lo siguiente:

1) Confesar todos los pecados conocidos y que no se hayan confesado. En algunos casos, los sentimientos de culpa son apropiados, porque la confesión es necesaria. Muchas veces, nos sentimos culpables ¡porque somos culpables! (Ver la descripción que hace David de la culpa y su solución en el Salmo 32:3-5).

2) Pedirle al Señor que le revele cualquier otro pecado que necesite ser confesado. Ten el valor de ser totalmente abierto y honesto ante el Señor. “Examíname, oh Dios, y conoce mi corazón; pruébame y conoce mis pensamientos; y ve si hay en mí camino de perversidad.” (Salmo 139:23-24ª).

3) Confía en la promesa de Dios de que Él perdonará los pecados y quitará la culpa, basándose en la sangre de Cristo (1 Juan 1:9; Salmo 85:2; 86:5; Romanos 8:1).

4) En ocasiones, cuando surgen los sentimientos de culpa sobre pecados ya confesados y abandonados, rechaza tales sentimientos como una culpa falsa. El Señor ha sido fiel a Su promesa de perdonar. Lee y medita en el Salmo 103:8-12.

5) Pide al Señor que reprenda a Satanás, tu acusador, y ruégale que te restaure al gozo que procede de la libertad de la culpa.

El Salmo 32 es un estudio muy provechoso. Aunque David había pecado terriblemente, él encontró la libertad, tanto del pecado como de los sentimientos de culpa. Él lidió con la causa de la culpa, y la realidad del perdón. El Salmo 51 es otro buen pasaje para investigar. El énfasis aquí es la confesión del pecado, la manera en que David ruega a Dios con un corazón lleno de culpa y dolor. Los resultados son la restauración y el gozo.

Finalmente, si el pecado ha sido confesado, ha habido arrepentimiento, y ha sido perdonado; entonces es tiempo de dejarlo atrás. Recuerda que nosotros que hemos venido a Cristo, hemos sido hechos nuevas criaturas en Él. “De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas.” (2 Corintios 5:17). Parte de las cosas “viejas” que “pasaron” es el recuerdo de pecados pasados y la culpa que produjeron. Tristemente, algunos cristianos son propensos a sumergirse en los recuerdos de sus pecaminosas vidas pasadas, memorias que debían estar muertas y enterradas desde hace mucho. Esto no tiene sentido y es contrario a la vida cristiana victoriosa que Dios quiere para nosotros. Un dicho sabio dice “Si Dios te ha salvado de una cloaca, no regreses a sumergirte y nadar en ella.”

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