Cristiano en Construcción

La Santidad no es el camino a Cristo, Cristo es el camino a la Santidad.

Una vida de Armonia con Dios

Posted by Jhon en Martes, octubre 13, 2009


Hace poco comencé a estudiar música, una de mis grandes frustraciones ha sido el no tener el talento suficiente para tocar algún instrumento musical, siempre lo he deseado y sigo intentándolo.  En estas clases he aprendido una palabra muy interesante que se usa frecuentemente para designar un conjunto de notas que “suenan bien”.  Esta palabra es ARMONIA.  Si no se tiene armonía en una composición o una interpretación, sencillamente no suena adecuadamente y se pierde el placer de escuchar el sonido de cualquier instrumento.

Igualmente en nuestra vida como Cristianos en Construcción necesitamos armonía en nuestra vida cada día; para ello, así como en la partitura se requieren tiempos, compases, ritmos y demás, en nuestra vida necesitamos algunos ingredientes para tener armonía con Dios.

El primer ingrediente que necesitamos y quizás el más importante de todos es:

Entrega: solo comenzando quizás ya vamos a tener algunos problemas.  Si nos auto examinamos profundamente pensando en lo que significa ‘entrega’, es probable que aún tengamos áreas de nuestra vida que no terminamos de entregar a Dios.  Es fácil entregarle a Dios nuestras enfermedades, preocupaciones y problemas, pero ¿qué tal de aquellas cosas que sí marchan bien en nuestra vida?  ¿Qué tal si le entregamos también nuestros bienes más preciados o lo más querido como nuestro cónyuge, nuestros hijos, nuestras finanzas?  Elija usted aquello que le cuesta tanto entregar a Dios y decida de una buena vez hacerlo.  Recuerde que nada tenemos que no nos haya sido dado y el mejor ejemplo de entrega lo debemos tomar del mismo Señor Jesucristo, quien nos da la máxima muestra de lo que significa ‘entrega’ (Juan 10:18) ya que El entregó su propia vida.

Muchas veces pensamos que nos hemos entregado a Dios porque somos creyentes y en cierta forma eso es cierto,  pero lo que omitimos intencionalmente o muy sutilmente es que cuando nos entregamos a Dios, debemos entregarnos total y no parcialmente,  no solo aquello que nos molesta o no podemos manejar (problemas, enfermedades, necesidades), sino todo.   Dios quiere todo de nosotros y nos quiere totalmente para El.   Para animarle un poco más, si es que tiene algo que aún no ha entregado a Dios totalmente, déjeme recordarle que Dios no quiere que le entregue ‘eso’ que aún no entrega por egoísmo o porque no desee que usted lo tenga; muy por el contrario, desea que se lo entregue porque El puede hacerlo mejor, mucho mejor.   Piense un poco en su vida y se dará cuenta, cuando entregó su vida al Señor, palabras más palabras menos, lo que le dijo en su oración fue algo así:  ‘yo he manejado mi vida durante todos estos años y no he hecho un buen trabajo, me rindo, y te la entrego’, Desde que yo lo hice, aunque la labor no ha sido fácil, puedo decir de que Él ha hecho un trabajo mucho mejor capitaneando mi vida, del que yo había hecho hasta ese momento.  Deje que El tome el control total, y se asombrará del cambio, para mejor por supuesto!

El segundo componente para una vida de armonía con Dios es:

Sensibilidad: Nuestra relación con Dios no depende de una cantidad de ritos y fórmulas más o menos complicadas.  Recuerde que se trata de una relación,no de una religión, se trata de un pacto, no de un contrato con cláusulas, se trata de una relación personal.  Eso es lo que desea Dios para nosotros sus hijos, que tengamos una relación y como tal, debemos ser sensibles a lo que Dios quiere enseñarnos cada día, y el primer paso para desarrollar esta sensibilidad es aprender a escuchar a Dios.   No hay cosa que cueste más trabajo a la mayoría de las personas que escuchar a los demás, si El Señor nos creo con dos orejas y una sola boca, ¿no cree que nos quiso decir algo? ¡Escuchemos más y hablemos menos! y esto es aplicable no solo para nuestra relación con Dios sino con todas las personas,  ¡Cuán diferentes serían nuestras relaciones si escucháramos más de lo que hablamos y fuésemos más sensibles a las necesidades de las personas!

Quizás este pensando en este momento que usted sí es una persona sensible, pero déjeme aclararle un poco mejor el concepto.  Cuando digo ‘sensible’ no me refiero a sentimental, ni delicado, ni emocional; no digo que nada de eso este mal, pero para que le quede más claro: imagine a un invidente, ¿ha notado que tienen el sentido del oído mas desarrollado?  Igualmente como dice la biblia, dejemos de andar por vista y aprendamos a caminar por Fe (2 Cor 5:7).  Estamos tan acostumbrados a confiar en nuestros sentidos que tratamos de llevar nuestra relación con Dios como diciéndole a El: “confía en mi que yo se lo que hago’, cuando es todo lo contrario, confiemos en El que es El quien sabe, nosotros imaginamos, planeamos, elucubramos, pero Dios SABE, así que sería sabio callar un momento y desarrollar nuestro sentido del oído espiritual, escuchar a Dios en el silencio, llegar a Su presencia cada día, no solo para pedirle, que no tiene nada de malo, pero ¿que tal si callamos un momento, practicamos el silencio en Su presencia y vamos desarrollando nuestra sensibilidad a Su palabra, a Su mensaje, a Sus deseos para nosotros?

Una vez que haya practicado una entrega total y desarrollado su sensibilidad a la voz de Dios, continúe con una nota más en su partitura espiritual y agréguele un ‘forte allegro’ con el siguiente componente:

La Palabra: El estudio, no solo la lectura de la biblia es un componente vital en su relación con Dios.

¿Ha notado alguna vez que se queda sin palabras al momento de orar, o que en alguna ocasión ha pensado que ‘si hubiera sabido esto, no hubiera hecho aquello’?  No me cabe duda de que en muchas ocasiones caemos en errores y desvaríos por falta de conocimiento de la palabra de Dios, la biblia nos advierte claramente en Hos 4:6, el peligro tan grande que es desconocer la palabra de Dios, a muchos hermanos les basta con tener una relación basada en emocionalismos solamente.

No me confunda por favor ni se sienta ofendido al leer esto, la emoción y los sentimientos son importantes y parte de nuestra relación con Dios, pero a ello debemos sumarle grandes cantidades de conocimiento de la palabra de Dios, para evitar confusiones y fortalecernos para que una vez llegada la prueba podamos soportar y continuar confiados a pesar de las circunstancias.  Siempre van a llegar momentos en nuestro caminar como Cristianos en Construcción que vamos a sentir desaliento, soledad y aparente silencio de parte de Dios, y en esos momentos Su palabra nos reconforta y nos da la seguridad de que aunque no lo escuchemos, El esta aquí con nosotros.  Es a través de Su palabra que sabemos que tenemos un Dios fiel y misericordioso,  lento para la ira y grande en misericordia. (Salmo 103:8).

Continuando con las notas nuestra armónica partitura se va poniendo más interesante de interpretar y es así como llegamos a:

La Oración: En varias ocasiones he escrito acerca de la importancia de la oración en nuestra vida cristiana.  Nunca esta de más repetir y recalcar lo importante de este componente en nuestra vida, lo vital y necesario del orar cada día, el pasar tiempo a solas en una ‘entrevista’ personal y diaria con Dios.  Tiempo atrás lei acerca de un hombre que que siempre antes de llegar a su trabajo en la mañana pasaba por el templo e inclinado sobre sus rodillas musitaba ‘Señor soy yo reportándome’.  No le sugiero que lo haga de la misma forma, pero me llamó poderosamente la atención la manera como lo hacía este hombre, cada mañana se ‘reportaba’ a Su Señor, como queriendo decir al inicio de cada día que su deber más importante era ‘reportarse’.   Personalmente me agrada esta actitud y suelo practicarla, ya que me recuerda y refuerza el hábito de buscar a Dios cada día antes de hacer cualquier otra cosa.  Algunos estarán pensando ‘que poco espiritual’, pero desde mi punto de vista, no es falta de espiritualidad, Jesús nos enseñó que no se trata de elocuencia ni mucho menos de repeticiones, se trata de un corazón contrito y humillado (Salmo 51:17).  Esa es la clase de oración que Dios desea escuchar, el saber que El ocupa nuestro primer y último pensamiento cada día, además si no nos ‘reportamos’ cada día en actitud de oración, ¿cómo vamos a saber lo que Dios desea de nosotros? ¿o lo que tiene planeado para nosotros cada nuevo día?

Una leve pausa en nuestra composición para reflexionar un poco y llegar a la:

Autonegación: difícil nota de interpretar, el ser humano es por defecto egoísta, y siendo como somos no nos gusta poner nada ni nadie por delante de nosotros, preferimos ser los primeros en la fila, primeros en ser atendidos, y primeros en todo lo posible, pero ¿y si fuéramos los primero en autonegarnos?.

De tantas cosas que nos enseña la escritura, hay una frase que siempre que la recuerdo me impresiona de manera especial, escrita por el apóstol Pablo.  Él tiene el valor de decir ‘sed imitadores de mi’ (1 Cor 11:1). ¿Qué tenía de especial Pablo además de su fortaleza y llamado apostólico para atreverse a dar semejante testimonio y sugerencia?  El resto del versículo nos lo aclara:  ‘… así como yo de Cristo’.  Pablo nos da otra enseñanza acerca de la negación que nos deja claramente definido el concepto de autonegación, lo podemos encontrar en Gal 2:20 y una vez más en Fil 3:8.

Este hombre que una vez fue perseguidor de la iglesia tenía el más claro concepto de a lo que negarse a sí mismo se refiere, no había nada que lo distrajera de su entrega al llamado, no había sufrimiento ni tentación, absolutamente nada, todo ello debido a que tenía claro lo que quiere decir ‘negarse a sí mismo’.

Pero eso era el apóstol Pablo, estará pensando usted, y no me atrevería a pedirle o sugerirle los sacrificios y abstinencias a los que fue sometido este hombre, pero  ¿que tal si contemplamos algo un poco más cercano a nosotros?  Siempre que pensamos en negarnos a nosotros mismos, pensamos en penurias y sacrificios, pero auto negarse no siempre tiene ese matiz.  A veces el negarnos a nosotros mismos es decirle a Dios ‘esta bien, acepto no tener esto o aquello, o no ser complacido en lo que deseo, o no recibir la respuesta que deseaba a mi oración’.  Esto también es negarse a sí mismo, y muchas veces lo pasamos por alto, ocasionalmente pedimos cosas en oración que sencillamente deseamos y como siempre lo he dicho no tiene nada de malo, pero ¿y si Dios te dice NO, y no te da una explicación satisfactoria?  (como si tuviera que hacerlo!)  ¿No nos disgustamos a veces? ¿No nos molesta como niños el no recibir o poder tener aquello que ‘no hace mal a nadie, que merezco, que necesito’?

Negarse a si mismo es darnos cuenta de que si tenemos comida y techo debiéramos considerarnos más que afortunados y agradecidos, aunque el mundo nos grita diariamente ‘mereces, necesitas, tienes que’.   Negarnos a nosotros mismos es poner nuestra complacencia e incluso me atrevería a decir necesidades legiíimas a un lado si es que Dios no nos las concede en Su sabiduría y soberanía, sin que ello afecte nuestra relación con El.

Una última nota y terminamos esta melodía tratando de hallar la anhelada armonía:

Servir: ‘El que no vive para servir, no sirve para vivir (Teresa de Calcuta)’. Nada más fuerte y claro que esta frase, sobre todo si estamos hablando de quienes nos hacemos llamar Cristianos.

Hoy en día nuestras iglesias están llenas de personas que ocupan su lugar cada domingo, mismo asiento, misma iglesia, mismo personaje, misma vida… ¿No le suena monótono?  Yo no llamaría a esto cristianismo.

El cristianismo como nos lo enseña la Biblia, nunca, lealo bien, nunca es pasivo, comenzando por la gran comisión: ‘id y haced discípulos’ .  IR es acción; vamos a la frase tan conocida y parafraseada: ‘no hagas a los demás…..’  no, así no dice la biblia, la biblia dice: ‘Y como queréis que hagan los hombres con vosotros, así también haced vosotros con ellos (Lucas 6:31)’. Acción, no pasividad.

Si bien es cierto que debemos tener momentos de quietud y reflexión, no vamos a avanzar en nuestro caminar como cristianos a ningún lugar si no actuamos, si nos conformamos solo con plasmar las notas de nuestra composición,  pero si no las interpretamos no vamos a lograr la armonía que estamos buscando en nuestra vida.  Una partitura guardada no tiene gran valor, pero una partitura completa y bien interpretada puede mover los corazones de multitudes, una vida dedicada al servicio en armonía seguramente sonará melodiosamente a los oídos de Dios.

Es aquí cuando nos llega la pasmosa enfermedad de muchas iglesias, excusitis aguda; siempre vamos a encontrar una excusa para no hacer lo que debemos o podríamos hacer pero no queremos hacer, pero no quiero extenderme mas dándole respuesta a tantas excusas porque no terminaríamos con esta melodía y terminaríamos no con una composición sino con todo un concierto.


Solo quiero dejarlo con un pensamiento final, cada uno de estos ingredientes lo vemos reflejado en la vida de Nuestro Señor: una entrega total, en Juan 12:49.  Jesús nos muestra como El mismo afirmando que es el Hijo de Dios, se sometió a Su completa voluntad, siempre demostró su Sensibilidad hacia las necesidades de las personas, citó las escrituras en el momento de la tentación y las utilizó diestramente en sus enseñanzas.  Vivió una vida de oración, pasando noches enteras buscando la dirección y guía dándonos ejemplo, el máximo exponente de la autonegación, quien se nego a sí mismo por nosotros siendo nosotros inmerecedores, y más aun el único merecedor de ser servido, dedicó Su vida y Su ministerio a servir, como bien lo dijo ‘no vino para ser servido sino para servir (Mat 20:28)’.

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