Cristiano en Construcción

La Santidad no es el camino a Cristo, Cristo es el camino a la Santidad.

Archive for 25 junio 2009

Debemos Aprender a Decir “No”.

Posted by Jhon en Jueves, junio 25, 2009

Parece obvio, pero algunos de nosotros no sabemos decir “No” cuando nos piden hacer algo. Culturalmente, desde pequeños nos han enseñado a cuidar a los demás, haciendo lo que se nos pida, con nuestros hechos diciendo “Sí”. Así como nos enseñaron a responder “Sí” en ciertas ocasiones, así también debemos aprender a decir “No”, especialmente ahora que somos Hijos de Dios.

Como Hijos de Dios debemos ahora ver las prioridades del Señor y antes de decir “Sí”, hacernos varias preguntas con respecto a lo que nos estan pidiendo: ¿Es pecaminoso? ¿Esta dentro de la voluntad de Dios para mí en estos momentos? ¿Esta dentro de mi prioridad en el Señor? ¿Tengo el tiempo suficiente para hacer un buen trabajo? ¿Esta en conflicto con mi esposa, con el tiempo de mi familia? ¿Estoy preparado para hacer lo que se me pide? ¿Estoy respondiendo “Sí” basado en mis emociones solamente? ¿Me estaran abusando?.

Si no sabemos las respuestas a las preguntas que debemos formularnos antes de responder “Sí” o “No”, un buen consejo es dilatar la respuesta por un breve tiempo. A veces es necesario consultarlo con otros para que nos guien, tales como nuestros padres, hermanos, esposos, el pastor, etc. Se puede responder: “En estos momentos no te puedo responder, ni “Sí” ni “No”, o “Voy a pensarlo y te responderé mañana o la próxima semana”, etc. Es mejor dilatar la respuesta que sentirse presionado a decir “Sí” y después arrepentirse.

Como Hijos de Dios responsables, no podemos decir “Sí” a todo lo que se nos pida, aún dentro de la Congregación o algún ministerio. Debemos considerar a nuestras familias y a nosotros mismos. Esto no es ser egoista, es ser prudente, sabios. “…Mas el que refrena sus labios es prudente” Prov. 10:19b. Como dice Prov. 13:3, “El que guarda su boca guarda su alma…” y Prov. 17:28b, “…El que cierra sus labios es entendido”.

Al único a quien debemos responder “Sí” siempre, sin dudar cuando nos pide algo, confiando que nos conviene y nos va a hacer bien, es a nuestro Señor Jesús.

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El precio de la gracia

Posted by Jhon en Miércoles, junio 24, 2009

Quizá nada es tan poco comprendido como la gracia de Dios. Ésta no es una clase de indulgencia que él tendría para nuestras faltas menos graves. Tampoco es un complemento que Dios agregaría a nuestros esfuerzos, como si dijera: «Obren lo mejor posible, yo haré lo demás». Contrariamente a lo que a veces se piensa, la gracia no excusa el pecado: lo quita.

Ante todo en el Nuevo Testamento, la gracia de Dios es una de las palabras «clave». Dios es “el Dios de toda gracia” (1 Pedro 5:10). Anunciar al Señor Jesús es proclamar “el evangelio de la gracia de Dios” (Hechos 20:24).

La gracia de Dios es su amor, su favor inmerecido para con los que pecaron. La gracia de Dios es, pues, para todos, ya que todos hemos pecado (Romanos 3:23). La gracia no se limita a liberar al culpable, sino que además da.

¿Cuál es el precio de la gracia? Para Dios su costo fue inmenso. “No escatimó ni a su propio Hijo”, quien murió para quitar nuestros pecados (Romanos 8:32). Para nosotros es gratuita; no podemos hacer nada para adquirir el favor de Dios; debemos recibirla por medio de la fe, como un don de Dios. –¡Es demasiado fácil!, dirá usted. Pero querer pagar lo que Dios da sería ofenderlo. La gracia me hace renunciar a mis pretensiones para reconocer en Jesucristo al Hijo de Dios, mi Salvador.

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Dar de lo que tenemos

Posted by Jhon en Jueves, junio 11, 2009

Para algunas el título podrá sonar algo raro, pero es lo que Dios nos demanda. Dios nos demanda a dar de lo que tenemos, no de lo que no tenemos. El Señor Jesús dijo de la viuda “porque todos han echado de lo que les sobra; pero ésta, de su pobreza echó todo lo que tenía, todo su sustento”. Mr. 12:44; Lc. 21:4. La viuda dió todo lo que tenía para vivir. La viuda no podría haber dado de lo que no tenía.

Cuando nuestra Congregación local nos insta a dar nuestros diezmos y ofrendas, o cuando algún programa evangelístico nos insta a ofrendar, examinemos bien lo que estamos dando. ¿Estamos dando de lo que hemos recibido, aunque sea poco, o estamos endeudandonos al dar?. Demos del dinero ya recibido, no de dinero que esperamos tener en nuestras manos. El dar sin tener no es fe.

Muchas veces damos por emoción y porque nos sentimos presionadas. Nos confundimos y pensamos que la emoción es el Espíritu Santo quien nos esta instando a dar para endeudarnos. No nos equivoquemos hermanas. Nuestro deseo de cumplir, de “obedecer” o de responder al pedido no es necesariamente el Espíritu Santo. El Espíritu Santo normalmente no nos moverá a endeudarnos. Debemos ser buenas administradoras de lo que tenemos, así como de lo que no tenemos.

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¿Títulos en la Congregación?

Posted by Jhon en Jueves, junio 4, 2009

Hoy en día muchos cristianos usan títulos dentro de la iglesia. Cuando se saludan en el templo se escucha: “Dios lo bendiga Doctor”, “Bendiciones Ingeniero”, “¿Cómo está Licenciado?” “Bienvenido Diputado”, etc. Los títulos no deben tener espacio dentro de las Congregaciones, aunque sea para mostrar respeto. La Palabra del Señor es clara en éste respecto: “…porque todos vosotros sois uno en Cristo Jesús” Ga. 3:28. Para ser respetuoso, hermanos y hermanas, no es necesario usar títulos seculares dentro de la congregación. El resaltar el título solo resalta algún tipo de rango o posición secular. Quien no tiene profesión o título en el ámbito secular se siente en efecto disminuido, apocado. ¿Y para qué fin lo hacemos?, ¿Glorifica esto a nuestro Señor Jesús, o glorifica esto a los hombres?

El concepto del uso de títulos en el mundo secular también ha sido introducido y asimilado dentro de la Congregación. Muchos de los títulos hoy en día, tal como “Pastor”, “Reverendo”, “Apostol”, “Salmista”, etc. estan siendo mal usados. Varios de estos títulos en realidad son dones, algún tipo de servicio que el hermano o hermana esta desempeñando. No es necesario llamarnos de esa manera. Un “hermano” o “hermana” o simplemente su nombre es suficiente. ¿Por qué? Porque no excluye a nadie, porque los que servimos debemos ser humildes y ofrecer nuestro servicio sin reconocimiento del hombre. No es necesario alagarnos. Nuestro Padre Celestial nos recompensará en el Cielo por todo nuestro trabajo. ¿Por qué usar estos títulos con “más rango” dentro de la Congregación? ¿Cómo saludaremos al hermano o hermana que es el tesorero de la Congregación, con un ‘¿Dios lo bendiga Tesorero?’ o al hermano o hermano que abre las puertas, ‘¿Bendiciones Portero?’.

Así como el uso del título secular dentro de la Congregación esta erróneo, también lo esta el usar un título (un don, un servicio) religioso dentro de la Congregación. No es necesario diferenciar. Claro esta que a veces es necesario usar un título religioso cuando la persona esta en ese momento ejerciendo la función, por ejemplo dentro del desempeño del Culto en sí. Existen otro títulos que podemos usar que glorifican más a nuestro Señor, por ejemplo: “Hermano”, “Hermana”, “Varón de Dios”, etc. Estos títulos resaltan más el concepto familiar dentro de la Iglesia del Señor, su Familia. Resistamos la “secularización” dentro de la Iglesia. Defendamos el ser igual, el ser todos Hijos e Hijas de Dios, Hermanos y Hermanas en la fe.

Ya no hay judío ni griego; no hay esclavo ni libre;
no hay varón ni mujer; porque todos vosotros sois uno en Cristo Jesús.
Gálatas 3:28.

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La alegoría del pámpano podado

Posted by Jhon en Miércoles, junio 3, 2009

Un vigoroso pámpano de una noble vid crecía sobre la parte superior de un alto muro, y se decía: –Aquí estoy por encima de los demás pámpanos y, por supuesto, se puede esperar que de mí crezca un fruto extraordinario. Así que se estiraba y se extendía cada vez más hasta que estuvo tan alto que oyó decir al jardinero: –¡Bien, bien! Ya llegará su hora:

–Sí, es cierto, se dijo el pámpano, sin duda ya llegará mi tiempo aquí arriba. Allá abajo, mis hermanos hacen lo mejor posible, pero no se puede esperar mucho de ellos.

Llegó la vendimia. Entonces, cuán grande fue la vergüenza del presumido cuando oyó que el jardinero decía: –No se molesten en buscar fruto en el pámpano más alto: está vacío.

El tiempo fue pasando y llegó el momento de podar. Entonces el pámpano dijo al jardinero: –Oh, maestro, ¿puedes hacer algo por mí? Éste contestó: –¿Aceptarías renunciar a tu hermoso aspecto? –Sí, maestro, fue la respuesta. –Entonces, que así sea, dijo el hombre, y al instante cortó la parte superior del pámpano y fijó la inferior fuertemente al muro.

Cuando llegó la próxima vendimia, los trabajadores miraron el humilde pámpano y vieron sólo unas hojas marchitas. Pero el jardinero las levantó y allí debajo colgaban los más grandes y ricos racimos de uvas. –Maestro, dijo el pámpano, los escondí para ti. En tu sabiduría me podaste y con amor me ataste. “Dios resiste a los soberbios, y da gracia a los humildes” (1 Pedro 5:5).

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