Cristiano en Construcción

La Santidad no es el camino a Cristo, Cristo es el camino a la Santidad.

¿Por qué Dios Mío?

Posted by Jhon en Jueves, febrero 19, 2009


¿Cuántas veces cualquiera de nosotros no nos hemos encontrado elevando estas palabras al cielo ante alguna circunstancia que no logramos entender? Culpando a Dios por no habernos evitado el pasar por esto o aquello? Justo cuando finalmente vivimos el resultado de alguna mala decisión, comprendemos cuál era la intención de Dios. Pareciera que en ese mismo instante se nos abre el entendimiento, por decirlo de alguna manera, comprendiendo qué era lo que Dios nos estaba tratando de decir al no permitir o permitir aquella indeseable circunstancia. Con una queja lastimera generalmente pensamos “Si hubiera sabido…. si Dios me hubiera dicho…” y ahí vienen los “…y si…”. Pero seamos honestos, generalmente cuando tenemos este tipo de pensamientos, muy dentro nuestro sabíamos de antemano que había algo que no debimos haber hecho, aun así parecía en ese momento que Dios no me estaba diciendo nada al respecto y aun sabiendo que esa actitud no era la correcta continuamos en nuestro camino a lo inevitable, que es el punto donde llegamos a lamentarnos.

La pregunta que muchas veces nos hacemos al respecto es: “Si no era la voluntad de Dios, ¿por qué permitió que lo hiciera? (recuerde que en nuestro interior sabíamos que no estábamos haciendo lo correcto)”; ahora considere esto: Si aún después de pasar las circunstancias adversas nos cuesta obedecer a Dios, con toda honestidad debemos admitir que, si no pasáramos por ellas sino que solo viéramos la señal de advertencia, ¡nos sería más fácil todavía desobedecerle! Es solo cuando vivimos en carne propia y experimentamos aquella dolorosa circunstancia por la que no queremos volver a pasar y por la que Dios nunca deseó que pasáramos, que “aprendemos bien la lección”.

Quizás le parezca un poco “cruel”, pero Dios en su infinita misericordia permite por el bien de nuestro crecimiento como cristianos que experimentemos situaciones desagradables, pero aun así, tenemos maravillosas promesas como dice Su palabra (2 Pedro 1:4).

Debemos dejar en claro algunos puntos para restaurar nuestro ser y poder continuar caminando al lado de nuestro Hacedor con la confianza y seguridad de que SI está de nuestro lado cuidando nuestro caminar y favoreciéndonos con Sus misericordias a pesar de nuestra desobediencia.

Lo primero que debemos comprender y tener claro es que cuando estábamos a punto de caer en esa dolorosa situación de la que estamos saliendo o viviendo, no fue Dios quien “quiso” que tomáramos aquella mala decisión como si por un instante “torciera” un poco Su integridad para favorecernos; es el diablo, nuestro enemigo personal, a quien la Biblia en Juan 8:44 describe como “mentiroso y el padre de la mentira”, quien fraguó las circunstancias para terminar de convencernos de hacer algo que sabíamos que no estaba bien pero que aun así deseábamos. Disfrazándose así de un dios permisivo, ¡qué mejor estrategia que tratar de hacernos cambiar la verdadera imagen de Dios por la de un dios que nos “castiga injustamente”!

En segundo lugar, quizás se pregunte usted “¿por qué Dios entonces permitió que fuera engañado?” Esta es una buena pregunta, y así mismo no tiene una fácil respuesta, y ninguna lo es; cuando terminamos de pasar o estamos viviendo una situación indeseable, no habrá respuesta que nos parezca satisfactoria, porque en realidad lo que deseamos no es una respuesta, lo que anhelamos es no vivir o haber vivido esa situación.

Acudamos nuevamente a la Biblia y veamos: Rom 8:28 “Y sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien, esto es, a los que conforme a su propósito son llamados.” Muy probablemente esté haciendo un gesto de disgusto al leer el versículo anterior, pero lo reto entonces a que memorice un versículo de mi invención “no diga: ¡Por qué a mi Señor!… pregúntese usted mismo, ¿Por qué no habría de pasarme a mi?”. Vivimos anhelando tener una buena relación con Dios, pero eventualmente nos veremos enfrentados a un punto donde debemos decidir, “Estamos con Dios por sus bendiciones solamente o por quien es El?”.
Desear las bendiciones de Dios y disfrutarlas no tiene nada de malo, de hecho la Biblia misma nos dice también que las bendiciones nos seguirán y David en el salmo 27:13 nos dice que no desmayó por la confianza de ver la bondad de Dios aquí en la tierra.

En tercer lugar, es muy probable que quedemos un poco prevenidos de volver a confiar cuando una situación similar se presente, es probable que se de la oportunidad de hacer u obtener aquello que esta vez salió mal; y esta vez si es la voluntad de Dios, ya habiendo aprendido la lección, no sería extraño que Dios nos conceda ese deseo de nuestro corazón (Salmo 37:4). Pero entonces, ¿Cómo saber si debo proceder en esta ocasión? Lo primero que debemos examinar es si al obtener aquello que deseamos no estamos quebrantando, forzando o torciendo un poco la voluntad de Dios; recordemos que Dios no hace acepción de personas y si no lo hizo la vez anterior, tampoco lo hará ahora.

Pero la mejor forma para saber si esta vez sí es el momento adecuado para aquella bendición que deseamos es poniéndolo en oración y pidiendo discernimiento al Espíritu Santo, es El quien nos mostrará con total claridad si esta vez Si es la voluntad de Dios y no un engaño nuevamente.

Para finalizar quisiera dejarlo con algunos pensamientos que nos pueden ayudar a discernir cuando estemos pasando por alguna de esas particulares situaciones cuando clamamos al cielo “¡por qué Dios mío!”.

1. Dios no nos tienta para saber si vamos a caer y así enseñarnos, Su palabra y el Espíritu Santo en nosotros es quien nos mostrara el camino que debemos recorrer y nos mostrara también lo que no debemos. (Sant. 1:13 )
2. No importa cuán precavido sea usted o cuán temeroso de Dios, será tanto Tentado por el diablo como probado por Dios, el primero para hacernos caer y Dios para que nuestra fe se fortaleza y para que maduremos como cristianos. (1 Pedro 1:6)
3. No importa cuán dolorosa sea o haya sido la experiencia, aférrese con la confianza de que Dios nunca le probará más allá de lo que pueda soportar. (1 Cor 10:13)

Las pruebas son necesarias para el crecimiento y nuestra madurez como Cristianos en Construcción; desde el mismo Señor Jesucristo quien fue probado en el desierto, pasando por todos los apóstoles y los mártires hasta el día de hoy, debemos recordar siempre que no es “¿Por qué a mi?”, sino … “¿Por qué no a mi?”.

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