Cristiano en Construcción

La Santidad no es el camino a Cristo, Cristo es el camino a la Santidad.

La Promesa de Dios para usted

Posted by Jhon en Jueves, julio 10, 2008


por Charles F. Stanley

Cuando recibí a Jesucristo como mi Salvador, muchas personas bienintencionadas me decían que necesitaba hacer tres cosas: ser bueno, obedecer los mandamientos de Dios y vivir una vida piadosa. Eso fue todo. Lo que me dijeron era excelente para un niño de doce años, pero pronto me di cuenta de que el consejo tenía muchas limitaciones, y que no me servía para enseñarme cómo vivir la vida cristiana. Hubo períodos en que me sentía impotente, y me preguntaba cómo podía aprender a mantenerme firme en mi fe, y confiar en las promesas que Dios me había dado en Su Palabra.

También noté que cuando enfrentaba tentaciones, tenía que luchar mentalmente para no ceder. No es que yo fuera particularmente malo; las pequeñas irritaciones, como pensar negativamente y sentirse frustrado, es algo que nos ocurre a todos, incluso a los jóvenes. Trataba de vivir una vida buena, con normas basadas en mis propias ideas de lo que era “espiritual”. Muy pronto me resultó obvio que estaba gastando muchas energías; resistir al Enemigo con mis propias fuerzas era extremadamente difícil, de hecho, imposible.

Cuando ingresé a la universidad, me di cuenta de que yo no era el único. Muchos creyentes estaban haciendo la misma cosa: afanados para mantener su fe, luchando para ser buenas personas y tratando de resistir al diablo. Pero los resultados eran menos que satisfactorios, y muchas veces el precio que tenían que pagar era la fatiga mental, junto con sentimientos de depresión, temor y ansiedad.

Satanás es un enemigo poderoso y obstinado, y si no entendemos el poder que hay en nuestras vidas por medio de Jesucristo, podemos resultar derrotados muy pronto. También está el hecho de que, si nos descuidamos, programará nuestra mente para creer la vacía filosofía de este mundo impío. Después, pensamientos de insuficiencia y negatividad podrán debilitar la posición que tenemos en Cristo. ¡Somos coherederos con Él, hijos del Dios vivo! No tenemos, por tanto, que batallar, porque Él nos ha dado todo lo que necesitamos para vencer al Enemigo y vivir victoriosamente.

Dios es el único que tiene la perspectiva de nuestras vidas. Nos la revelerá, pero debemos acudir a Él y prestar atención a Su voz para que nos dirija. De lo contrario, seremos extraviados al creer las artimañas de Satanás o las mentiras de una sociedad contraria a la verdad de Dios. ¿Cómo podemos combatir ideas y sentimientos que se oponen a lo que nosotros sabemos que es la verdad? La mejor manera es pidiéndole a Dios que nos haga sensibles a Su Espíritu y a Su voluntad para nuestras vidas.

Hace unos meses, mientras conversaba con un joven, me di cuenta de que él estaba usando una misma palabra una y otra vez. “Estoy luchando para entender por qué razón me siento así”. Un poco después dijo: “Sé que la vida es una lucha, pero estoy haciendo lo más que puedo”. Entonces lo detuve, y le dije: “No tienes que vivir así”. Me miró sorprendido, porque había estado pensando en eso durante tanto tiempo, que ni siquiera oyó el esfuerzo personal que revelaba en sus palabras. Entonces le dije: “Dios tiene un plan para tu vida, y eso no incluye el que tengas que estar luchando todo el tiempo. Él te ha dado una promesa: el poder que necesitas puedes tenerlo por medio del Espíritu Santo. Tienes el poder para decirle no a la frustración y a la ansiedad, y la capacidad para decirle sí a la alegría, a la esperanza y al amor”.

La necesidad de un Salvador

Muchos creen erróneamente que pueden experimentar las bendiciones de Dios sin consagrar totalmente sus vidas a Él, pero eso no es verdad. Asistir a la iglesia solamente no nos asegura tener el poder de Cristo en nosotros, ni tampoco da la sensación de paz y de gozo que la mayoría de las personas anhelan tener. Esforzarse por ser una buena persona no conduce a la salvación, y una oración apresurada antes de irnos a la cama no puede tomar el lugar de una relación personal con el Dios del universo. Lo que todos nosotros necesitamos es un Salvador.

El primer paso para vivir en el poder del Espíritu Santo, es rendir la vida a Jesucristo, la única persona que nos conoce de manera absoluta y nos ama incondicionalmente. Si usted nunca le ha pedido a Él que perdone sus pecados y derrame Su infinito amor en su vida, puede hacerlo en este mismo momento. La entrega no es una señal de debilidad. En realidad, lo que hace es posicionarnos para ser usados por Dios de una manera grandiosa. Él no solamente nos salva y nos da vida eterna, sino que envía también Su Santo Espíritu a morar en nosotros. El papel del Espíritu es enseñarnos, guiarnos e investirnos de poder para poder vivir la vida cristiana. Esto es el cumplimiento de la promesa personal que Dios le hace a usted.

Vivir en el poder del Espíritu Santo no es algo que uno puede lograr por esfuerzo propio. Es un regalo y un privilegio que recibimos desde el momento que rendimos nuestra vida a Dios. Jesús lo dijo muy claro: sin el Espíritu Santo no podemos hacer nada (Jn. 15.5). Si usted no está viviendo para Él, está viviendo para usted mismo, y lo más probable es que esté batallando con sus propias fuerzas.

El segundo paso tiene que ver con darse cuenta del infinito poder que es nuestro como resultado de la maravillosa promesa de Dios. Jesús dijo a Sus discípulos: “Y yo rogaré al Padre, y os dará otro Consolador, para que esté con vosotros para siempre: el Espíritu de verdad, al cual el mundo no puede recibir, porque no le ve, ni le conoce; pero vosotros le conocéis, porque mora con vosotros, y estará en vosotros”. El Consolador que Dios envió fue Su Espíritu Santo, la tercera persona de la Trinidad, nuestro vínculo eterno con el Salvador. Es el que ilumina nuestra mente con la verdad, y el que nos da el poder para hacer frente a las tentaciones del Enemigo.

Cuando estamos preocupados, el Espíritu de Dios nos da la sabiduría que necesitamos para tomar decisiones correctas, entre ellas el decirle no a Satanás y a cualquier motivación egoísta. Nuestro Consolador nos conforta cuando nos sentimos solos, se regocija con nosotros cuando estamos viviendo en la luz de las bendiciones de Dios, y nos da el poder para hacer todo lo que el Padre nos pide que hagamos (Ef. 2:10). Él siempre está con nosotros. Nunca estamos solos, separados de Dios u olvidados. Podemos apagar Su Espíritu por el pecado y la desobediencia, pero nada de lo que hagamos podrá jamás hacer que Él deje de amarnos.

El ministerio del Espíritu Santo es hacer la obra del Salvador en el mundo. ¿Quién lleva a los incrédulos al Señor? El Espíritu Santo. ¿Quién revela la verdad de Dios y da poder a Sus hijos para promover Su reino? Su Espíritu. ¿Quién protege, consuela y alienta a los cristianos para que sigan adelante, a pesar de las dificultades? El Espíritu de Dios, el que ha estado con Él desde el comienzo y que estará con Él para siempre (Gn. 1:2; He. 9:14). ¿Por qué querría usted conformarse con vivir la vida cristiana con sus limitadas fuerzas, si puede disfrutar de los recursos infinitos del Señor por medio de Su Espíritu?

Jesús sabía que Sus discípulos se sentirían abandonados después de Su crucifixión, pero también que vendría el Consolador, para dar paz a sus corazones. Lo mismo sucede hoy. No tenemos que tener una existencia llena de luchas, porque Dios está con nosotros. Lo único que tenemos que hacer es aceptarle, rendirnos a Él y pedirle que nos enseñe Sus caminos. Si usted vive en sintonía con el Señor, sabrá lo que es correcto, aun antes de tener la oportunidad de considerarlo en su mente. El Espíritu nos enseña a distinguir entre lo bueno y lo malo; por tanto, en situaciones en las que su fe pudiera correr peligro, sabrá cómo decir no. Al hacerlo, ganará confianza y tendrá conciencia del poder y del potencial que hay en su vida.

El tercer paso es entender que es el mismo Dios quien le ha dado a usted el poder de hacer Su voluntad. Cuando Jesús estuvo en la tierra, sus discípulos tuvieron acceso al conocimiento y a la dirección que necesitaban en cada situación. Su muerte cambió esto, pero sólo de manera temporal. En Lucas 24, leemos que Jesús “les abrió el entendimiento, para que comprendiesen las Escrituras”, diciéndoles: “He aquí, yo enviaré la promesa de mi Padre sobre vosotros; pero quedaos vosotros en la ciudad de Jerusalén, hasta que seáis investidos de poder desde lo alto” (vv. 45, 49). El Señor estaba hablando del poder del Espíritu Santo, del mismísimo poder de Dios, que es mayor que todo lo que este mundo puede producir.

Cuando confiamos en Cristo como Salvador, recibimos todo lo que necesitamos para vivir la vida cristiana. Pero cada uno de nosotros tiene que aprender cómo aplicar la verdad divina a sus propios pensamientos y acciones. Si lo hacemos, Él nos enseñará cómo vivir victoriosamente cada día, con poder, esperanza, misericordia y amor infinito.

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5 comentarios to “La Promesa de Dios para usted”

  1. ROBERTO said

    QUIERO QUE ME DEN UNAS PROMESAS FUERA DE LAS PROMESAS COMO( NO VOVERA A MI VACIA MI PALABRA) O (LA PALABRA DE DIOS SON EN EL SI Y EN EL AMEN).GRACIAS

    • Jhon said

      Apreciado Hermano Roberto,

      Si bien la biblia esta llena de promesas (algunos dicen que mas de 3000), no se trata de un “libro de promesas” para reconfortarnos como recetas, las promesas que pueda tomar debe buscarlas personalmente en el estudio de la palabra e ir descubriendolas, la palabra de Dios tiene la particularidad de hablarnos personalmente y en el momento que lo necesitamos, le recomiendo que tome como devocional diario los Salmos por ej, lea un solo salmo cada dia (personalmente le aconsejaria en las mañanas antes de iniciar su dia) y medite en el por un buen rato, busque el consejo de Dios y El no le defraudara, y de esa forma hayara guia, promesas y consuelo en su diario caminar.
      Saludos y Bendiciones
      Jhon

  2. queridos hermanos,, muchas gracias por pueblicar este tipo de mensajes que mejoran nuestra comunicacion con el poderoso señor, crean que les deseo las mayores bendiciones y que l apaz de Dios los acompañe siempre.

  3. Si a veces hacemos las cosas en nuestras fuersaz y no dejamos obrar a dios entregamos a dios nuestras cargas pero seguimos con el problema yo llevo mucho tiempo intercediendo por mi hogar para que el padre de mi hijo llegue a los pies de jesucristo y nos de el hogar que mi hijo y yo necesitamos

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