Cristiano en Construcción

La Santidad no es el camino a Cristo, Cristo es el camino a la Santidad.

De Ciego a Testigo

Posted by Jhon en Viernes, enero 25, 2008


En el evangelio de Juan Capitulo 9 encontramos la historia de un hombre que era ciego de nacimiento. Su nombre no lo sabemos, su edad tampoco, ni mucho respecto a su vida, lo único que sabemos de él es que fue testigo y beneficiario de un milagro proveniente de Dios.

Hay muchas enseñanzas que podemos tomar de este pasaje de la escritura, pero el enfoque que quisiera que veamos es la transformación de un hombre cualquiera, un indigente, un mendigo y además ciego, uno de tantos que vemos a diario en las grandes ciudades postrados en la calle tratando de vivir de la misericordia de los demás.

En primer lugar notamos la mala imagen que tenía un hombre con alguna enfermedad o defecto de nacimiento en el pueblo Israelita, por la pregunta de los apóstoles “¿quién peco, éste o sus padres, para que naciera ciego?”. Era además de ciego (y por ende minusválido), despreciado en cierto modo por la sociedad judía, quienes basándose en las maldiciones y bendiciones de la Torá (Deut 27-28) pensaban que quienes padecían enfermedades era porque las habían recibido como retribución por su vida pecaminosa.

Era pues este un hombre sin oportunidad alguna, con desventajas físicas, menospreciado por su pueblo. Pero bastó un encuentro con Jesús para que su vida cambiara radicalmente.

En los versículos 6 y 7 vemos a Jesús haciendo uso de su creatividad sanando a nuestro personaje con barro hecho de mezcla de su saliva y tierra, instruyéndole además de ir a lavarse, lo cual dio como resultado el milagro. El versículo 7 finaliza diciendo : “El fue, pues, y se lavó, y regresó viendo.”

Si utilizamos una típica biblia en la que aparece el encabezado del capítulo, seguramente encontraremos que dice algo como “Curación de un ciego”. Seguramente muchos ya han leído este capítulo antes, quizás hasta hayan hecho bromas respecto a la “creatividad” de Jesús para curar. Saliva! a quién se le ocurriría.

Personalmente me gusta más el resto del capítulo; me llama más la atención el resultado que tuvo este milagro en la vida de este hombre, de este miserable desconocido que vivió gran parte de su vida postrado, ciego, despreciado, y a merced de la misericordia ajena.

Antes de continuar quisiera que pensemos en una persona que conozcamos de similares características, quizás incluso nos identifiquemos un poco con él. Tal vez usted haya nacido en un hogar de no muy buena reputación, un padre alcohólico quizás, o padres separados, falta de amor en la infancia, etc., escoja usted los ingredientes que desee. Lamentablemente hoy en día ejemplos tenemos por doquier.

En los versículos siguientes podemos ver la primera reacción del hombre y la actitud de los demás hacia él. Lo primero que ocurre obviamente es el cambio en su vida, de ciego a vidente, es un cambio bastante notorio verdad, y su respuesta clara, sencilla y concisa :

Juan 9:11 Respondió él y dijo: Aquel hombre que se llama Jesús hizo lodo, me untó los ojos, y me dijo: Ve al Siloé, y lávate; y fui, y me lavé, y recibí la vista.

A esto es lo que llamamos “Testimonio”. Un testimonio efectivo desde mi punto de vista. Antes de continuar veamos un poco más detalladamente el proceso de “conversión” de nuestro amigo el ex-ciego. En primer lugar algo que me agrada mucho de esta situación es lo que destacábamos al comienzo, éste era un hombre común y corriente, de hecho en gran desventaja, y aun así Jesús se fijó en él, sólo vio la necesidad en el hombre e hizo a lo que fue enviado, como menciona en los versículos 4 y 5.

Por su parte el ciego no objetó, no preguntó, en pocas palabras no se complicó la vida, sólo fue e hizo lo que se le mandó (vers. 7). Qué hizo entonces que se diera el milagro en su vida? Lo mismo que hace que ocurran los milagros en nuestra vida diariamente, CREYO, es todo lo que se requiere y a veces lo olvidamos y esperamos fórmulas más complicadas y elaboradas para ver la mano de Dios sobre nuestras vidas.

Esperamos muestras sobrenaturales, cuando el milagro más grande que podemos ver es el cambio en una persona, no necesariamente de ciego a vidente, pero que tal de alcohólico a padre ejemplar, de marido golpeador a esposo amoroso, de hijo rebelde a joven predicador? Si no vemos en estos cambios un milagro, sencillamente no lo queremos ver y no habrá señal que nos pueda convencer.

Acto seguido el ciego fue cuestionado rudamente por la clase religiosa de la época, los fariseos, lo primero que objetan, son los métodos de Jesús, no su creatividad, sino el hecho de haber realizado una sanación en día de reposo, se centraron en “tecnicismos” y no en el milagro de sanidad (vers 16). Acaso podremos ser más ciegos que el invidente de nacimiento? Por qué cuesta tanto creer que Dios puede obrar maravillas en las personas?.

A veces preferimos no solamente formulas complicadas, sino que a esto le agregamos siempre el conocido “no se puede”. Los grandes hombres sólo han realizado grandes obras haciendo caso omiso a esta frase tan destructiva, “no se puede”, hacer que un filamento de carbón iluminara nunca se había hecho, pero Tomas Alva Edison lo hizo. La diferencia? no escuchó el “no se puede”. Más aún si somos creyentes, ésta es una frase que deberíamos borrar totalmente de nuestro vocabulario.

Pero no sería justo compararnos con el genio de Edison, verdad? No todos tenemos la creatividad de este hombre, pero que tal algo más sencillo, algo que este hombre desconocido nos enseña de una manera tan sencilla, “dio su testimonio”. Lo han invitado alguna vez a dar su testimonio frente a sus hermanos? Que tal a orar por su grupo de estudio o por alguien más? Me parece escuchar frases como : “no puedo, nunca lo he hecho”, y muchas otras excusas similares, que tal hablarle a alguien más acerca de su fe? De nuevo nos tropezamos con “no puedo”, que tal el reto de su pastor, “tomar la ciudad para Cristo”? No se puede, nuevamente. Esta frase es algo que debemos abolir completamente de nuestro vocabulario.

Como cristianos, todos tenemos un ministerio en nuestras manos, el ministerio de la reconciliación. No espere que su pastor lo llame, no espere que el grupo de varones lo invite, o que el grupo de damas vaya a su casa, el Gran Pastor ya lo ha llamado y le ha dado el ministerio de la reconciliación (2 Cor 5:18). Acaso le va a decir “no puedo”?.

No le voy a decir que dar testimonio de su fe, o que predicar las buenas nuevas va a ser algo fácil siempre. A muchos pastores y creyentes les gusta predicar lo que la gente quiere escuchar, y esto no siempre va de la mano con lo que la biblia dice. La biblia nos dice que tendremos resistencia, oposición, que podremos ser marginados, relegados, y con el paso del tiempo esto va a empeorar, así es como lo dice la biblia (2 Tim 4:3).

Nuestro amigo el ex-ciego también tuvo oposición, apenas si pudo conocer la luz del día y ya encontró oposición, los versículos 13 y 24 nos relatan como este hombre fue llamado dos veces a dar testimonio de lo acontecido. No pase por alto por favor que dar este testimonio no era cuestión de ir a contar lo que le había ocurrido. En el versículo 22 vemos que ya había un complot en contra de quienes confesaran que Jesús era el Cristo, así que este hombre al igual que sus padres sabían que estaban frente a una situación hostil.

Que haríamos nosotros? callar? negarlo?, es una opción, pero la opción errónea. (2 Tim 2:12-13)

Tenemos aquí entonces un cuadro completo, se siente identificado con esta historia?

Un hombre cualquiera con todas las desventajas de su lado, quien ni siquiera buscó a Dios, pero respondió a su llamado y no escatimó en hacer lo que le fue dicho y recibió sanidad, sólo CREYÓ y OBEDECIÓ.

Un hombre que recibió sanidad y dio testimonio sin temor alguno.

La historia no termina aquí, este hombre no solamente recibió sanidad sino que en estos pocos versículos nos muestra que también pasó por todas las etapas que pasamos muchos creyentes.

Un Encuentro con Dios.

Sanidad del Alma, y porque no, sanidad física.

Un cambio en tu vida, valor para dar testimonio.

Y rechazo.

Verso 34 : Respondieron y le dijeron: Tú naciste del todo en pecado, ¿y nos enseñas a nosotros? Y le expulsaron.

Se ha sentido rechazado después de su conversión?, lo han rechazado su familia y sus amigos por el hecho de dar testimonio de aquel que ha obrado un milagro en su vida?

Aquí no termina nuestra historia, los versículos 35 en adelante nos relatan cómo al salir de la presencia de los fariseos, seguramente decepcionado y sin rumbo, Jesús fue a su encuentro. No, nuevamente él no lo buscó, fue Jesús mismo quien al escuchar que lo habían echado fuera lo buscó.

Verso 35-38 : Oyó Jesús que le habían expulsado; y hallándole, le dijo: ¿Crees tú en el Hijo de Dios? Respondió él y dijo: ¿Quién es, Señor, para que crea en él? Le dijo Jesús: Pues le has visto, y el que habla contigo, él es. Y él dijo: Creo, Señor; y le adoró.

Por qué lo buscó Jesús nuevamente? que tenía este hombre de particular para que El Señor Jesús le buscara nuevamente?

CREYO, OBEDECIÓ, NO LO NEGÓ, Y DIO TESTIMONIO DE ÉL!

Si usted ha aceptado al Señor Jesucristo como su Señor y Salvador, aquí no ha terminado Dios con nosotros, ni nosotros con El. El siempre estará con nosotros conforme a sus promesas (Mat 28:20b)

Y es nuestro compromiso Creer en sus promesas, No negar que le pertenecemos, y dar siempre testimonio de El.

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