Cartas de amor de Dios
Publicado por Jhon en Viernes, Febrero 13, 2009
La manera como podemos convertirnos en su mensaje
por Gary D. Chapman, Ph.D.
¿Qué pasaría si los cristianos nos comportáramos realmente como tales? Unos dos mil millones de personas en el mundo aceptan esa etiqueta para definir sus convicciones religiosas.1 ¿Qué pasaría si todas estas personas tuvieran realmente el carácter de Cristo?
La palabra cristiano no es un término escogido para sí mismos por los primeros creyentes. Fue el nombre que les dieron quienes observaban su estilo de vida. Eran reconocidos como personas que seguían las enseñanzas de Jesús. ¿Cuál era el tema central de las enseñanzas y las acciones de Cristo? El amor, sin duda alguna. Cuando los líderes judíos de su tiempo le hicieron la pregunta a Jesús: “¿Cuál es el gran mandamiento en la ley?”2 , Él respondió: “Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente. Este es el primero y grande mandamiento. Y el segundo es semejante: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. De estos dos mandamientos depende toda la ley y los profetas”.3 Jesús especificó que toda la enseñanza moral del Antiguo Testamento estaba resumida en esos dos mandamientos.
En otra ocasión, el Señor señaló el papel supremo del amor, cuando dijo: “Un mandamiento nuevo os doy: Que os améis unos a otros; como yo os he amado, que también os améis unos a otros. En esto conocerán todos que sois mis discípulos, si tuviereis amor los unos con los otros”.4 Jesús hizo del amor la característica distintiva de sus seguidores. Sin duda alguna, Él quería que ellos fueran conocidos como personas que amaban. Este amor hay que expresarlo a los hermanos cristianos, por supuesto. Pero también a nuestros “prójimos” -una categoría que incluye a todas las personas que encontremos. Ya sea que interactuemos de persona a persona, o que nos conectemos mediante teléfono celular o la Internet, tenemos que amar a los demás.
Imagine lo que sucedería si todos los cristianos del mundo amaran verdaderamente a sus prójimos. Creo que una de las razones por las que la iglesia de hoy no ha tenido un mayor impacto en la sociedad secular, es porque nos hemos desviado del tema de nuestro Señor. Hemos sido influenciados por la cultura mucho más de lo que nosotros la hemos influenciado a ella. Hemos combatido al fuego con el fuego, y al odio con el odio. A veces nos hemos exaltado y rebajado a los demás, muchas veces diciendo que lo hacemos en defensa de la Verdad. Hemos tratado a otros irrespetuosamente, tratando de convencerlos de que están equivocados y de que somos nosotros quienes tenemos la razón. Para muchos secularistas, los cristianos son vistos como un partido político de derecha cuya motivación es llevar adelante su propia agenda y atacar a los demás al mismo tiempo.
Como ciudadanos, debemos involucrarnos en todos los niveles y temas de la sociedad, pero nuestra actitud tiene que ser de amor. Debemos buscar el bien de los demás, tratando a todas las personas con dignidad y respeto, aun cuando no estemos de acuerdo intelectual o políticamente con su posición.
En su libro, The Rise of Christianity [El auge del cristianismo], Rodney Stark, un sociólogo de la religión, se propuso entender el porqué el movimiento de los primeros cristianos creció de unos pocos miles de seguidores a 30 millones -la mitad de la población romana- en sólo 300 años. Dice que en los primeros siglos de la era cristiana, dos grandes epidemias acabaron con la tercera parte de la población del imperio. Frente a esas terribles condiciones, los dirigentes seculares y sus sacerdotes no cristianos simplemente huían de las ciudades. El único grupo social que se quedaba era la iglesia, la cual se ocupaba de atender por igual a cristianos y no cristianos, junto con una esperanza que iba más allá de la muerte. Hasta los secularistas reconocen que los cristianos primitivos amaban de verdad al prójimo “como si se tratara de su propia familia”. Lo que cambió fue la manera de pensar de las elites romanas no fueron la derrota política ni la persuasión retórica; fue conocer personalmente a los seguidores de Cristo y observar su respuesta al desastre. La transformación cultural se produjo por ser la comunidad cristiana simplemente ella misma.
El desafío fundamental que tienen los cristianos de hoy, es ser personas que amen en todo tiempo. Creo que no hay un poder más grande que el amor cristiano para cambiar el clima de la sociedad occidental y al mundo. Sin embargo, para muchos creyentes, el significado de la palabra amor es vago. Por tanto, permítame decir que una persona que ama es la que se caracteriza por los siguientes rasgos:
Bondad-descubrir la alegría de tratar a los demás como personas de valor
Paciencia-aceptar las imperfecciones de los demás
Perdón-dar libertad de las garras de la ira
Cortesía-tratar a los demás personas como amigas
Humildad-bajar para que otra persona pueda subir
Generosidad-ofrecer tiempo, habilidades y dinero a otros
Honestidad-hablar la verdad en amor
Cuando incorporamos estas cualidades a nuestra vida, Dios nos usa como instrumentos para cambiar al mundo.
Algunos pudieran preguntar: “¿Se puede amar en un mundo tan conflictivo?” Diariamente sale a la luz pública la falta de humanidad del hombre para con el hombre, mucha de ella perpetrada en nombre de la religión. Es evidente que la religión jugará un papel principal en lo que suceda a nivel mundial en los próximos cincuenta años.Permíteme hablar específicamente a quien se consideran cristianos y preguntan: “¿Se puede amar en la fe cristiana?” ¿Podemos redescubrir la realidad de que amamos a Dios, porque Él nos amó primero, y de que, porque amamos a Dios estamos obligados a amar a los demás?
El apóstol Pablo tuvo la visión clara en su mente cuando dijo: “Porque el amor de Cristo nos constriñe… para que los que viven, ya no vivan para sí, sino para aquel que murió y resucitó por ellos”.5 Él lideró el crecimiento de la iglesia primitiva al proclamar el amor de Dios expresado por medio de Cristo. No fueron las cruzadas militares las responsables de la supervivencia de la fe. Ha sido el amor de los cristianos comunes y corrientes por toda la humanidad, lo que ha mantenido a la iglesia viva y creciendo.
Los cristianos nunca han estado exentos de las dificultades de la vida. La historia muestra que los seguidores de Cristo han sufrido terremotos, inundaciones, tornados, huracanes, incendios de praderas, deslizamientos de tierra, accidentes de automóviles, enfermedades y otros males. Y muchas veces han sido perseguidos, simplemente por ser cristianos.
¿Cómo puede una persona soportar tales cosas, y a pesar de eso desear seguir apasionadamente a Cristo? La respuesta está en tener una comprensión clara de lo que Dios trata de hacer en la vida de sus seguidores. Por fortuna, el Señor ha revelado su propósito: “Y sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien, esto es, a los que conforme a su propósito son llamados. Porque a los que antes conoció, también los predestinó para que fuesen hechos conformes a la imagen de su Hijo, para que él sea el primogénito entre muchos hermanos”.
La clara intención de Dios es hacernos semejantes a Cristo en actitud y estilo de vida. Él utiliza las experiencias difíciles para ese propósito. Es, a veces, en medio de las dificultades que encontramos las mayores oportunidades para experimentar su amor y ser los agentes que compartan ese amor con los demás.
Recientemente vi demostrado esto en una mujer de 52 años de edad, madre de cinco hijos, que se estaba muriendo de cáncer. Yo había observado su vida durante varios años, y había visto que ella era una de las personas más amorosas que jamás había conocido. Enfrentó a la muerte con realismo, pero con un espíritu positivo. Nunca olvidaré el día en que me dijo: “He enseñado a mis hijos cómo vivir. Ahora quiero enseñarles cómo morir”. Es que el amor maduro ve incluso a la muerte como una oportunidad para amar a los demás.
Tal vez usted se esté preguntando: “Pero, ¿cómo puedo yo, convertirme en una persona que ame de esa manera?” Es en esto que se diferencia el cristianismo de muchas otras religiones. La mayor parte de las religiones del mundo se basan en el esfuerzo propio. Pero, para el cristiano, la clave para convertirse en una persona que ama no está en nosotros, sino en Dios. Es su amor lo que buscamos compartir. Y es su Espíritu quien derrama el amor divino en nosotros y nos capacita para comunicarlo a los demás. Nuestra parte es abrir nuestros corazones y nuestras mentes cada día para recibir su amor, y buscar oportunidades para compartir ese tesoro con otros.
¿Por qué, entonces, no aman todos los cristianos? La respuesta está en la realidad de que somos seres moralmente imperfectos. En la esencia de lo que somos, dos fuerzas dinámicas -el “viejo yo” y el “nuevo yo”- están en conflicto. El nuevo yo nos llena del deseo de ser personas que amen, y el viejo yo nos hala hacia la vida egocéntrica. Si mantenemos distancia de Dios, el viejo yo probablemente regirá nuestro estilo de vida. Pero si nos acercamos a Dios, Él se acercará a nosotros, y el nuevo yo controlará nuestras actitudes y nuestra conducta (cf. Stg 4.8).
El amor es el arma más poderosa que hay en el mundo para el bien. Estoy convencido de que el amor no sólo es posible en el mundo de hoy, sino que también, en realidad, es la única forma de supervivencia.
Las siguientes palabras están grabadas en la entrada del Cabell Hall de la Universidad de Virginia: “Usted esta aquí para enriquecer al mundo, y se empobrecerá si se olvida de realizar esta tarea”. Esta frase capta la esencia del llamamiento que ha recibido el creyente.
Le pregunto de nuevo: “¿Qué pasaría si los cristianos nos comportáramos realmente como tales?”