Escuche cuando Dios habla
Publicado por Jhon en Miércoles, Febrero 13, 2008
Lo que es verdaderamente importante, por lo general se hace sin ruido. A menudo la misma sabiduría consiste en callar. Pero a veces es necesario gritar, por ejemplo cuando alguien corre peligro u oye mal.
Dios nos habla cuando leemos su Palabra. Pero si rehusamos oír, Dios está obligado a alzar la voz. Mediante las pruebas, Dios se dirige a nosotros. Lo hace porque nos ama. No nos habla de manera distante e indiferente, porque desea nuestro bien y nuestra felicidad. Se dirige a los pobres como a los ricos, a los instruidos como a los que no lo son.
A usted, que trata de aprovechar la vida rehusando formularse preguntas, a usted la divina sabiduría clama: «Deténgase, venga a probar los puros y excelentes gozos de la fe». A usted que está agobiado, la bondad de Dios también clama: «Escuche, busque mi ayuda y confíe en ella, ore y entonces podrá regocijarse».
Al final de una gran fiesta en Jerusalén, Jesús alzó la voz, diciendo: “Si alguno tiene sed, venga a mí y beba” (Juan 7:37). Conocía el corazón del hombre y su sed de felicidad. Entonces lo invitó a acudir a él, y por él, al Padre, para recibir así el perdón, la paz y el amor. Ahora sigue llamando. En todas partes se anuncia el Evangelio mediante conversaciones, por la radio… y también por esta hoja. El amor no puede callar y ofrece el perdón.
Dios nos habla cuando leemos su Palabra. Pero si rehusamos oír, Dios está obligado a alzar la voz. Mediante las pruebas, Dios se dirige a nosotros. Lo hace porque nos ama. No nos habla de manera distante e indiferente, porque desea nuestro bien y nuestra felicidad. Se dirige a los pobres como a los ricos, a los instruidos como a los que no lo son.
A usted, que trata de aprovechar la vida rehusando formularse preguntas, a usted la divina sabiduría clama: «Deténgase, venga a probar los puros y excelentes gozos de la fe». A usted que está agobiado, la bondad de Dios también clama: «Escuche, busque mi ayuda y confíe en ella, ore y entonces podrá regocijarse».
Al final de una gran fiesta en Jerusalén, Jesús alzó la voz, diciendo: “Si alguno tiene sed, venga a mí y beba” (Juan 7:37). Conocía el corazón del hombre y su sed de felicidad. Entonces lo invitó a acudir a él, y por él, al Padre, para recibir así el perdón, la paz y el amor. Ahora sigue llamando. En todas partes se anuncia el Evangelio mediante conversaciones, por la radio… y también por esta hoja. El amor no puede callar y ofrece el perdón.
Angela Tamayo de Avilés escribió
A veces nuestro Padre Eterno nos pide “hablar a solas”, y pone las “circunstancias” para que no haya nadie a nuestro lado, pues requiere de nuestra total atención.
miguelajavier escribió
Es triste observar, incluso siervos de Dios que no prestan atención cuando él les habla.
Sabes, nuestros intereses nos hacen ciegos, sordos, mudos y paralíticos, esa es la razón por la cual no podemos o “no queremos” escuchar a Dios.
Nuestras predispocisiones obnibulan la conciencia y toda capacidad de comunicación con nuestro hacedor.
Es interesante saber que el Espíritu Santo está dispuesto siempre a ayudarnos a escuchar y obedecer a Dios.
http://www.migueljaviermateo.com